Los objetos y los recuerdos: El ropero de la casa
En realidad no era uno… había varios roperos en la casa… como en todas las casas, eran también varios los roperos que formaban parte del escenario hogareño.
El ropero más viejo era mi preferido, por sólido, por firme color y por todo lo que encerraba… todo cabía en aquel ropero: ropa, zapatos, trajes, abrigos, corbatas, sombreros, perfumes, fotos, monederos, archivo… pero sobre todo cabía el tiempo… el tiempo con bolitas de alcanfor.
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Quizás la parte del quehacer más pesada de los hombres de los azadones era regar por la noche en las labores de las afueras del pueblo, allá donde el lago de las acequias se desparramaba en los campos de cultivo, uno de eso no sabía nada, sólo escuchaba frases de sentencia: ¡Aventar el agua!… ¡Cortar el agua!… ¡Rodada!… ¡Compuertas!… ¡Surcos!… ¡Pasar el agua!…
La complejidad de la vida municipal no es un invento de leyes y reglamentos. Es una necesidad de administración que trata de resolver el conjunto de los problemas de vivir en una sociedad dinámica por sus sectores sociales, por su productividad, cultura y por la interacción de la comunidad en concreto con el resto de otras sociedades. El municipio es hoy una instancia enmarcada en la vida estatal y en la vida nacional y tanto la nación como el estado determinan muchas veces el curso de la actual vida municipal. Los organigramas, las planeaciones y los presupuestos de su municipio están en primera y en última instancia determinados por los esquemas superiores.
Parecían como vitrinas montadas en ruedas, puertas al fondo y arriba un techo de madera donde se colocaban coronas y ramos de flores.