Celso Garza GuajardoDe niños oíamos hablar de los temporales… de las siembras de temporal… “por ahí tengo un temporal” decían los viejos del pueblo.


Con el tiempo fuimos entendiendo que el nombre de temporal se le daba a un pedazo de tierra en las afueras del pueblo, sin agua de riego… y temporal era, porque se sembraba solamente de temporada en temporada… si acaso llovía bien.

Todo temporal estaba “nada más saliendo del pueblo”, por entre los montes y caminos de carretas… a él se iba para traer leña, para cuidar algunos animales, para cortar pitas y para ver cómo iba la esperanza de la siembra. El temporal era así más que tierra y agua, persistencia en sentirse del campo, trabajándolo y queriéndolo. Vidas que transcurrieron entre el temporal y el pueblo, ilusiones y sacrificios… apego a un destino que se iba perdiendo.

El pueblo estaba rodeado de temporales… uno de ellos por el rumbo del norte, cargado al puente, era de Don Jesús Jasso. Allí en ese temporal, hace 45 años se inició una sencilla y constante historia de trabajo. Historia que salió del temporal y se ha quedado en el pueblo… que pasó por los tendajos, las mesas de muchos hogares y hoy continúa por las calles encerrado en bolsitas de papel… es la historia de las leches quemadas… leches de temporal.

Doña Jesusita, esposa de Don Jesús, elaboró con leche de cabra el dulce que se hizo famoso… original y sencillo a la vez por su sabor, forma y tamaño… algo así como una cucharada de dulce derretido puesto a secar sobre una bandeja o pedazo de papel… se traían de aquel temporal y se llevaban a vender primero al tendajo de Don Gilberto Garza, en la esquina de Zaragoza y Escobedo… un centavo costó por muchos años la pequeña porción, la cual se convirtió más que en una golosina, en un delicioso postre casero. Se la bautizó y rebautizó con el nombre de leches del temporal, porque del temporal se hacían y de temporal venían. Poco después también se vendieron en la tienda de Don Adrián Larralde, valían entonces cinco centavos… se vendían también por las calles y en otros tendajos.

Los años de las décadas pasaron y las leches del temporal se hicieron una tradición duradera, aun de que el temporal ya no existía aun de que los viejos se fueron… la tradición lleva ya casi medio siglo. Sólo el precio ha cambiado de las leches del temporal… de un centavo que costaba cada una, a las bolsitas de ahora que contienen diez de ellas y que valen un total de mil pesos. Doña María Jasso, mujer de 76 años, hija de aquel matrimonio, continúa en esas faenas; por las calles del pueblo recorre los domicilios de los viejos clientes y amigos, quienes rápido le compran el producto.

El temporal ya no existe, ha sido absorbido por el desarrollo urbano… los tendajos se ha clausurado y a los nuevos negocios, los productos industrializados de “chatarra alimenticia” atraen la atención… más sin embargo las leches del temporal por ahí siguen desplazándose en bolsitas de papel por las calles del pueblo. Un esfuerzo que se hizo tradición y ejemplo… que se incorporó a la repostería popular de Sabinas Hidalgo y junto con ello se nos ha ofrecido un laborioso ejemplo de constancia en eso de las empresas familiares… en eso de ocuparse a sí mismo. La lección vale la pena, lo mismo que vale el sabor de las leches del temporal.

s.f.


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