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IX. El humor

A veces la tranquilidad del barrio era perturbada por el grito: “Salió rosita la nieveeeee” o: “Estos conos ya se acaban y no se vendeeen”, pronunciado por Silverio Acevedo, que en una ligerina vendía su producto por el barrio.

Recuerdos como este nos hacen sonreír y evocar otros semejantes, como el detalle de la compra de naranjas a dos por cinco y su venta a cuatro por diez, que según se contaba había hecho Robestán, quien a pesar de vender todo llegó a casa sin dinero. A la pregunda de su esposa sólo acertó a decir: “Pos no sé, vieja, todo se me fue en dar feria...”

O la famosa clasificación de los tipos de aguacate por su cantidad o sus efectos en el organismo hecha por don Apolinar Durán, célebre humorista del barrio: “Este es el aguacate pendejo, porque es tan tonto que se llena de fruta y se le quiebran las ramas... Este es el despertador, porque con el ruido que hace en la mañana despierta a todo el barrio”.


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