Celso Garza GuajardoEl Servicio Postal Mexicano tiene sus orígenes desde el imperio azteca. El correo era a través de mensajeros (Paynamis) que se relevaban cada diez kilómetros sobre una ruta establecida (Techialoyan); los mensajes eran verbales o pictográficos. El paynamis recibía adiestramientos especial; muchas veces tenía que comunicar hechos y textos complicados.

En 1850, el rey de España Felipe II estableció el oficio de correo mayor en la Nueva España, para 1745 había rutas de correos en distintas partes del territorio Colonial. En 1762 se estableció el correo entre Monterrey y Ciudad de México. Para 1978 se publicaron las ordenanzas generales de correos, postas, caminos y demás ramas, agregadas a la superintendencia general de correos que estuvo vigente durante buena parte del siglo XIX. En 1865 se estableció el uso de las estampillas y, en 1876, México se adhirió a la Unión Postal Universal.

La llegada del ferrocarril a Nuevo León en 1882 desarrolló extraordinariamente el servicio postal. En 1895, la clasificación de las piezas postales eran de cuatro clases: cartas y tarjetas, publicaciones periódicas, impresos varios y papeles de negocios y publicidad mercantil, más bultos y paquetes. En 1894 se unifican las tarifas de timbres de 10 centavos por carta de quince gramos sin importar destino en el interior del país y de cuatro centavos en la propia ciudad.

En Sabinas Hidalgo, durante más de medio siglo, se enviaron los bultos de correos a través de express de caballo por el camino a Villaldama. Esto, entre 1882 y 1930, cuando se movilizó la correspondencia a través de la carretera México-Laredo.

En 1901 se estableció el teléfono entre Sabinas y Villaldama; en 1921 se estableció el telégrafo; en 1931, el teléfono de larga distancia. Los empleados federales de caminos, correos y telégrafos se formalizaron a partir de 1930, sobre todo cuando se construye en Monterrey el Palacio Federal como sede de las oficinas y agencias del Gobierno Federal, entre ellas correos.

Las oficina más formal de correos que conocí en el pueblo fue la de la esquina de Porfirio Díaz e Hidalgo, en contraesquina a la plaza, entre la vieja secundaria y la tienda de Adrían Larralde, en la década de los cincuenta; los empleados de correos con sus bicicletas, su pinza para el pantalón, la gorra o visera, el mostrador, las ventanillas, la balanza y el buzón. Aquello era un constante movimiento, época de don Humberto Saldaña, don José Soto, don José Cruz, don Ignacio Mireles y don Efraín Lozano... carteros sonrientes entregando carta por carta y platicando cada vez que se hacía de banqueta a la puerta... época entre carteros y destinatarios conocidos. Estampa del pueblo de calles barridas y regadas y de saludos de mañana, tarde y noche. Época de convivencia entre maestros y carteros sobre todo en este, su día, Día del Cartero.

14 de noviembre 1998


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