Sin alusiones personales.

Profr. y Lic. José Mario Elizondo Montalvo.

Cronista de Pesquería

Dedicatoria

A mis nietos Pedro Isaí, Luis David, Eli Abraham Elizondo Lozano, Gerardo Ernesto, Rodolfo Mario Elizondo Alanis y Luis Mario Corona Elizondo que han heredado por su abuelo la afición por la cacería.

Con el deseo que este folleto los motive para que en sus aventuras cinegéticas dejen constancia escrita de ella.

Primera edición julio del 2010

Diseño: María de la luz Rodulfo Cerda

Derechos reservados por el autor

Reproducción autorizada dando crédito al autor

Diseño de portada y contraportada Ilse Daniela Corona Elizondo

Cuadernos, pequeñas narraciones de grandes aventuras

Centro de Historia Oral de Nuevo León

Academia de la Lengua Viperina

Profr. José Mario Elizondo MontalvoCargamos nuestras pertenencias además nos regalaron manojos de salvia, de Chile piquín seco, quesos de cabra y un caudal de recuerdos chuscos que probablemente o difícilmente podemos llegar a vivir en otra ocasión, todos regresamos contentos y continuaron las bromas sobre cazar un burro en lugar de un oso, y el caso de la panocha perdida, Chevo preguntó espero que ninguno haya almorzado panocha porque vamos con los vidrios cerrados a consecuencia del frío

Profr. José Mario Elizondo MontalvoEl día había terminado, la cena fue bien recibida y los elogios fueron para don Matías por habernos dado esa suculenta comida, nos fuimos a dormir a nuestras respectivas camas o catres y pronto amaneció de nueva cuenta con un frío que nos hizo levantar varias veces en la noche al “cuartito”, nombre común que se le da al sanitario, excusado o cuarto de baño, lo único que no estaba programado es ir tantas veces a ese lugar, que se encontraba a varios metros de distancia del jacal donde dormíamos, había que llevar la lámpara de mano o la batería y un garrote por que los cerdos andaban siempre sueltos amenazaban siguiéndote y corrías el riesgo de tropezar con ellos. (queda a la imaginación de los lectores lo de los marranos).

Profr. José Mario Elizondo MontalvoSegundo día, imposible permanecer dormidos, el ruido de la cocina y los olores que de ella emanaban, nos hizo ponernos de pie, a las siete de la mañana, de inmediato recibimos una taza de café con un sabor a canela que invadía completamente la atmósfera, además un guiso de papas con chorizo, aquí nos demostró José Bautista su calidad de buen cocinero, haciendo hincapié que el chorizo era autentico de puerco, cortado en pequeños trozos y que él había llevado de su casa y los clásicos frijoles de la olla, mientras que saboreamos este rico almuerzo don Matías elaboraba las famosas panochas, clásica gorda elaborada con maíz y manteca de res, a la cual se le agrego chicharrón de puerco amasada con agua y un poco de leche y la respectiva sal, este alimento es tradicional en todos los ranchos del noreste de la República por que su elaboración permite que se conserven y se puedan consumir calentándolas simplemente, pero es necesario contar con el famoso acero que es un sartén de fierro vaciado con una tapa del mismo material, que para el momento de su uso se calienta directamente a la lumbre junto con su tapa, para depositar la masa en él, se le añade al sartén manteca para evitar que se pegué en las paredes del mismo, el proceso de cohesión consiste en colocar el acero sobre las brazas junto con la tapa, la práctica da experiencia para conocer cuando ya esta terminada la panocha.

Profr. José Mario Elizondo MontalvoUna breve estancia, un saludo a la familia del compañero Ildefonso, para saber si había gente en el rancho y si los candados de las puertas, estaban abiertos, el tío de Poncho, el Profr. Facundo Villarreal, nos comunica que hay un encargado en el rancho que el también nos acompañará, iniciamos nuestro camino hacia el Rancho “El Ultimo Suspiro”, era un camino no muy transitado con una serie de dificultades por que el paso que hacen sobre él, las carretas y los carretones, dejan que a las orillas se hagan profundas por el paso constante de la ruedas de estos carromatos, por tal razón el peso de la camioneta producto de estos sonrojos, el paso era lento y en varias ocasiones tuvimos que bajarnos para que disminuyera el peso de la camioneta como todos sabemos en esta época del año oscurece muy temprano, por fin llegamos a lo alto de una pequeña loma de donde divisamos la luz de la lámpara que se había colocado fuera del jacal, en prevención de podernos extraviar; ya había llegado la noche y por fin nos encontrábamos en este ansiado lugar.

Profr. José Mario Elizondo MontalvoTranscurría el mes de diciembre del año de 1952, precisamente el sábado 18, se iniciaba el periodo de vacaciones de invierno, un grupo de alumnos-profesores de la Escuela Normal Ing. Miguel F. Martínez, celebramos una reunión en la casa de nuestro compañero Leonel Villanueva, ubicada en la calle Isaac Garza entre Guerrero y Juárez, siendo el principal comentario que ya habíamos iniciado el segundo año como profesores, en distintas escuelas primarias: Rubén Soto y Mario Elizondo, en la Diego de Montemayor, José Bautista en la Héctor González, Leonel Villanueva en la Prevocacional, Rubén Araujo en la Monterrey, Ildefonso Villarreal en la Revolución y Eusebio González en la Rodríguez Pérez. Tras largo rato surgió el comentario de nuestro compañero Ildefonso, originario del municipio de Cerralvo, y quien nos hizo la invitación para que en ese período de descanso fuéramos de cacería a un rancho de dicho municipio que se encuentra al poniente de la cabecera municipal, precisamente al pie de la sierra de Picachos.

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