Celso Garza GuajardoSe nos fue una de las voces de este siglo XX de Sabinas Hidalgo.

El maestro Eugenio Solís nos ha dejado. Nos dejó su Escuela Normal “Pablo Livas” y toda una vida de enseñanzas. Partió seguro de que las raíces de lo que sembró quedaron vivas y fuertes. El maestro Eugenio Solís formó parte del recio y clásico catálogo de los hombres históricos que han sostenido y forjado la patria chica, Sabinas Hidalgo, y con ello la patria grande que es México.

Templado socialmente en la generación de los años veinte, al impacto y ejemplo de su hermano Antonio Solís, forjó su carácter y visión del mundo en la agitadas décadas de México post-revolucionario, donde se forjó el movimiento social de los campesinos y de los obreros que consolidaron las transformaciones características de este país a partir de entonces.

Fue por ello, un hombre comprometido consigo mismo, en el más férreo principio de la autenticidad:

Saber sentir lo que se sabe.
Pensar con la lógica de los hechos.
Actuar con el esfuerzo propio.
Buscar en la sinrazón la razón y en la duda la verdad.

Los hombres como el maestro Eugenio Solís no son seres convencionales, de esquemas preestablecidos de ideas o de creencias, que muchas veces se toman sólo para justificarse. Son seres de huella activa consigo mismo y con los demás, que buscan la transformación y la superación de los hombres y de la sociedad.

El maestro Eugenio Solís fue como los griegos en sus principios:

  • Organizador de pensamiento.
  • Impulsor de los templos del saber.
  • Catalizador de la aula y de la verdad, y
  • Contrastador de la fe y de la ciencia.

Y como los griegos, y como los Sócrates de todos los tiempos, él no buscaba que llegásemos a su verdad, sino que aprendamos a buscar nuestra propia verdad para llegar a ser dignos y responsables de ella. Tal fue su mayor enseñanza.

Enseñanzas clásicas de un maestros clásico.

El maestro Eugenio Solís no buscaba seguidores, era él solo. El hombre actuando, pensando y hablando. Siendo auténtico con la palabra y con los hechos. Buscando tan sólo el que cada hombre encontrase en sí mismo la razón de ser el bien y entregó a ello todas sus capacidades. Ese es el mejor ejemplo para continuar sus enseñanzas.

¿Qué más nos enseñó el maestro Eugenio Solís?

En el recuerdo, a través del tiempo, de la cátedra y de las pláticas, el maestro nos enseñó:

  • A respetar: el respeto como el valor total.
  • A tolerar: como el meridiano principio.
  • A vivir del trabajo propio: como la base de la justicia y del derecho.
  • A creer en el hombre y en el pueblo: como la razón y fin de todo humanismo.
  • A educarnos para enseñar: no cúmulo de cosas sino cristales de principios.

Y nos enseñó, sobre todo, a ser fuertes con los sentimientos y con los principios, tan fuertes como fuesen capaces de resistir todas las calamidades del tiempo y del espacio. Que fuesen capaces de resistir las calcinantes pruebas que la vida. El maestro Eugenio Solís pasó todas las pruebas y nos legó por ello la autenticidad de su vida, de sus principios y de sus hechos.

Particularmente, quiero recordar el sentimiento de un maestro como Eugenio Solís: él nos enseñó la poesía del vivir, a partir del hecho hombre mismo, su ser y quehacer frente a lo finito y a lo infinito. El hombre frente a su saber, que lo hace ser y no ser. Nos enseñó la poesía religiosa para crearnos el principio de la verdad, de la duda, de la fe y de la ciencia: la razón del bien frente a todas las cosas. Nos leía, allá por 1960, la poesía del Fray Miguel de Guevara, que dice:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tiene prometido.
Ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu mente.

Igual podemos decir para el maestro Eugenio Solís: Sus enseñanzas, sus principios y sus hechos no nos mueven por ellos mismos, sino, nos mueven por el ejemplo de quien los impulsó en vida; el maestro Eugenio Solís, Descanse en paz.

23 de julio de 1984.


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