Celso Garza Guajardo

Camposanto o panteón son los mismo. Lugares sagrados. Me agradaba lo de camposanto, pues como que suena más propio… la parte santa del pueblo en que nace y se vive… de niños se nos acostumbraba a decir camposanto… “mira el camposanto”, “ese el camposanto”… luego fuimos usando el término panteón… “allá queda el panteón”, “el panteón viejo y el panteón nuevo”.

Celso Garza GuajardoCamposanto o panteón son los mismo. Lugares sagrados. Me agradaba lo de camposanto, pues como que suena más propio… la parte santa del pueblo en que nace y se vive… de niños se nos acostumbraba a decir camposanto… “mira el camposanto”, “ese el camposanto”… luego fuimos usando el término panteón… “allá queda el panteón”, “el panteón viejo y el panteón nuevo”.

Cuando éramos niños, el camposanto era algo más allá del pueblo, algo para más allá de la vida… otra vida… una barda larga y gruesa de sillares y adentro las sepulturas. De grandes el panteón era como un lugar más fijo, el lugar de los entierros, propios y ajenos. Para eso era el panteón… el camposanto para vidas que eran almas allá arriba… el panteón para enterrar a los muertos… en ambos la vida seguía en silencio.

De niños no queríamos ir al camposanto, al menos de ganas… el misterio era un velo que no queríamos recorrer… de grandes el panteón fue siendo un lugar más a la vista, un sitio a visitar de cuando en cuando.

De niños sabíamos del Día de los Muertos; ese día faltaban muchos compañeros a la escuela… se nos decía que era el Día de los Muertos, nada más, pero no sabíamos por qué, hasta que una tarde también faltamos porque la mamá nos tomó de la mano y nos llevó cargados de coronas y flores al panteón. Ese día ya supimos que era el Día de los Muertos.

De grandes el Día de los Muertos fue tomando paulatinamente un sentir en cada uno de nosotros… el sentir de ir a “ver a los muertos”, el sentir de respeto, devoción, cariño, junto a las ganas de platicar y de saludar… sobre todo platicar y saludar.

El Día de los Muertos tiene una sensación de otoño en nuestro nubosidad, lluvias o viento… un día medio a propósito del día de los muertos, se nos hace triste, largo, se nos hace que se va y no se va… con el tiempo de todo ello fuimos formando una mística, una mística que es lección y propuesta… el 2 de noviembre no es tanto para nosotros una fecha religiosa como un motivo social y cultural que nos recuerda a los deudos para ir a visitarlos en familia… una visita sin decirse nada… sólo recordarse, ver hacia atrás y agradecerse… limpiar un poco el lugar, poner flores y luego entrar a la plática. La propuesta es algo hacia nosotros mismos: Recordar en futuro que ahí donde estamos, como recordemos se nos recordará.

La lección y la propuesta del Día de los Muertos se adquiere en la suma de las horas y los años de la fecha que es el 2 de noviembre… es un acopio de reflexión en reflexión año con año… una gran suma de pláticas entre las tumbas y andadores del panteón, alrededor de la barda y en el camino de ir y venir al panteón.

La mística del camposanto es la experiencia hasta la suma total, hasta el momento mismo de la propia muerte.

31 de octubre de 1989.


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