Celso Garza Guajardo

Aliento de una vocación pueblerina

Celso Garza GuajardoAliento de una vocación pueblerina

Plaza de mi pueblo,
estancia compartida de siglos y de almas
es el ser y quehacer del vivir.
Más que un espacio,
eres un eco de los sueños
que vayan preguntando
¿Tú eres quien me soñó?

Eres sueño que no tienes abrigo
y recuerdo que no tienes a dónde ir,
pasión, ideal, discurso.
Todo eso eres. Y sin embargo,
sueñas que ahora estorbas,
que te estrangula el ruido y el desdén
que ya no escuchas cosas bellas
que no ves los rostros de las gentes
y no sabes sus nombres.

Antes, a todos conocías
y todos te daban un  lugar.
Los vistes crecer y los viste morir.
Ahora, sola,
quien se siente morir eres tú.
¿Qué vas a hacer con los sueños
y los recuerdos de antes?
Se que te dan pena… pues ellos…
sólo entienden de nuevos sueños y recuerdos
y no tienes a quién dejárselos…

Surgiste con el primer trazo
del pueblo y del barrio.
Eras la antesala de las viejas casonas y jacales.
Embarneciste con el tiempo,
y todos te dieron su respeto y cariño.
Llegaste a ser voz y sentimiento,
arrullo de corazones, agitar de ideas,
y testigo leal de la historia.

Embelleciste el antaño.
Fuiste en el vivir sencillo
la alegría de la primavera
y la reflexión del otoño.
..................................................
más un ventarrón de caos
–ruido y velocidad de contraeco
creó la desolación y el desarraigo…
y ahora sólo unos cuantos centinelas
vigilan tu vacío.

Se cuenta que de noche
los sueños de la vieja plaza se reúnen
y le cantan con murmullos
las pretéritas nostalgias y alegrías
cuando vemos más allá
de la transparencia del aire,
de los contornos de los árboles
de las bancas y del quiosco.

Los sueños de la noche-plaza
nos miran con bondad y duda
pidiendo que nos detengamos
Quieren conocernos,
meterse en nuestras mentes.
Quieren refugio
para volver a soñar en los tiempos de ahora.

Nos dicen los sueños
que no miremos de soslayo la plaza
que escapemos de la pesadilla modernista
para dejar de ser multitud aislada.
Que seamos gente entre toda la gente de la plaza
para volver a vivir dos veces a la vez:
soñar la soñado
y soñar lo que soñamos.

Los ecos de la plaza claman el silencio:
Volver a ser manantial de salud espiritual,
oasis de la palabra y del trato,
archivo al viento de la historia.

9 de marzo de 1984.


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