Celso Garza GuajardoHoy martes 24 de septiembre me encuentro observando la fotografía de mi grupo de primer año de primaria: amontonados como una parvada de urracas multicolores, parados sobre unos bancos desvencijados, la fotografía nos captó como esperando emigrar de un tiempo a otro tiempo.


Entre imágenes y recuerdos medito; estoy triste por mi amigo Martín y por el terremoto en la ciudad de México.

La imagen de la fotografía trajo a mis recuerdos aquella tarde de viernes, llena de algarabía infantil…

—¡La foto! ¡La foto!–

—¡Adelante los pequeños, atrás los más grandes!–

—¿Y los zapatos? ¿por qué vinieron descalzos? –nos preguntaba la maestra

—¿Se bañaron todos?…–

—En orden, acomódense–

Por fin, todos frente al instante efímero del tiempo hecho fotografía

—Quietecitos, mirando al frente… bien, así–

Así la semana siguiente, los comentarios después de que nos entregaron la foto al pagar un peso por ella…

—Mira, Celso salió dormido: Juan Manuel con la cabeza agachada; Ricardo está llorando; Anselmo con la boca abierta; José se está rascando la nariz; Roberto se esta riendo…–

—¿Y éste… éste quién es?–

—Este es Martín– dije

—Martín, el que nunca habla– dijo otro

Era Martín un muchacho callado, totalmente callado, delgadito, que se sentaba en el último banco, atrás, en el rincón del viejo salón. Muy ordenado. Me gustaba mucho lo claro de su letra y lo bien que hacía las operaciones de Aritmética. Yo de los pocos que platicaban con él. Sus familias no eran de aquí, parece ser que eran del municipio de Mier y Noriega.

Cuando pasó el tiempo, me volví a encontrar a Martín en Monterrey, y después en México. Pasó mucho tiempo después ya era profesor y trabajaba bien en el sistema de secundarias federales de la S.E.P. Martín siguió igual de callado y serio como apareció en la fotografía de primero de primaria. Como fue siempre, al parecer.

Hoy he vuelto a ver la foto de aquel instante efímero del tiempo hecho recuerdo gráfico. Hoy, en que otro instante efímero tornado en terremoto acabó con muchos vidas.

La algarabía de aquella tarde se acabó en mi recuerdos. El efímero tiempo de un sismo sembró la tragedia en la capital de la República, tragedia de la que todos somos dolientes…

Mi amigo murió en la Escuela Secundaria que se desplomó por la Avenida Chapultepec. Seguramente llegó muy temprano e igual de serio a la escuela, como lo veía llegar pegado a las paredes de la Escuela “Manuel M. García”… callado, sin molestar a nadie dispuesto a cumplir sus deberes.

El buen amigo Martín murió. El tiempo efímero quedó en el instante del recuerdo de un fotografía… la vida se perdió en el instante efímero de un sismo en la ciudad de México, que nos llenó de tristeza… guardé la fotografía… la vida tiene que segur adelante, quizás con mejores dosis de equilibrio y de humildad.

23 de septiembre de 1985


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