Celso Garza GuajardoLa lotería de 5 centavos, de 10 y de 20… de una tabla y de dos tablas, según querías y podías pagar… la lotería en la casa, en la casa de un amigo, o en la plaza en los días de kermess… la lotería de frijoles, de maíz o de fichas aplastadas… la lotería para jugarse entre tres o cuatro amigos o entre 30 y 40 en un corredor de la plaza… la lotería de jugar y jugar o de apostar de poquito… la lotería de ilusiones… la lotería de los pregones mexicanos que tanto me gustaban pero que nunca llegué a memorizarlos todos:

El diablo “El amparo de las viudas”
El pescado “El que por su boca muere”
El alacrán “El que pica por la cola”

Aquella lotería me emocionaba y despertaba una imaginación que aún perdura. Era una lotería en la que por lo común no ganaba y cuando llegaba a lograrlo se me pasaba por bobo, Pues lo que mas me gustaba de ella no eran las tablas ni las apuestas, sino las imágenes de la baraja… lo que yo quería tener era una baraja… una baraja para ver y volver a ver las estampas, los colores y recrearme en muchas de ellas, poder decir en silencio los pregones:

El negrito - El que se comió el azúcar
El sol - La cobija de los pobres
La dama - La dama puliendo el paso

Un día tuve baraja completa… era mía y casi no la enseñaba a nadie, porque una baraja sin tablas para nada servía… además, las barajas para jugar como barajas eran los hombres y eran las de ases, reyes y caballos o la de pókares con los monos al revés… y mi baraja que había conseguido y que por largos años de niño guardé, era la de la lotería y con ella no podía jugarse sola… era una baraja para imaginarse muchas cosas, para darle vuelo a la fantasía como en una película a colores. Mi baraja de lotería tenía 54 cartas, del gallo a la rana y eso es lo que ya imaginaba de cada una de esa estampas:

El gallo El que cantaba en el mezquite de la casa
El diablo El que estaba a la vuelta de cada esquina cuando en el pueblo no había luz
La dama Los maniquíes de la fábrica de vestidos “Morales”
El catrín Me acordaba de la película “Quinto patio”
El paraguas Era para las “viejas”
La sirena Era de mentiras
La escalera Era de los albañiles
La botella Para ir al gas al tendajo
El barril La barricas de la carreteras
El árbol Que siempre dibujé de niño
El melón Los melones viejos que vendía Don Ambrosio
El valiente Quería ser yo, pero sin cuchillo
El gorro No me decía nada
La muerte Así de larga, como la carroza de Don Manuel
La pera En el pueblo no había
La Bandera La asamblea de los lunes. El Himno Nacional
El bandolón No lo veía en la orquesta
El violoncello Le decíamos tololoche
La Garza Era mi apellido
El pájaro Siempre lo creí zenzontle
La mano Mi mano
La bota Quería unas
La luna Era mía
El cotorro Una señora vecina
El borracho No quería ser
El negrito El viejo fotógrafo del pueblo
El corazón Mi corazón
La sandía Me gustaba
El tambor La banda de guerra de la escuela secundaria
El camarón En cuaresma, nada más
Las jaras Las flechas de indios, los pedernales
El músico En el pueblo había muchos y eran pobres
La araña Abundan en los jacales
El soldado Salvaba a la patria
La estrella Las del cielo de Sabinas
El cazo Para tamales de navidad. Los vendían los húngaros
El mundo Un día iría a visitarlo
El apache En la cerveza “Indio”
El nopal Estaba en el monte y en las cercas de los solares
El alacrán Miedo, mucho miedo
La rosa En los jardines de las casas
La calavera La podía ver, no hacía nada
La campana De la torre de la iglesia
En cantarito Agua fresca y sudada
El venado Estaba en el monte
El sol Sonreía pero picaba mucho
La corona De reyes. No la quería
La chalupa Eso era allá en México, en Xochimilco
El pino Después supe que era de Navidad
El pescado Las mojarras del río
La palma Las de la iglesia
La maceta Había que pasar del corredor
El arpa En las películas
La rana En la turbina las matábamos a varazos

Si bien los pregones no llegué a saberlos todos, lo que si fortalecí con el tiempo fue la fantasía de imaginarme lo que cada estampa de colores de la baraja decía… hoy, con el paso del tiempo quise volver a tomar una baraja de lotería y recordé las fantasías de cada una de sus estampas, por eso, cuando veo jugar a los niños o a las señoras en alguna casa, quisiera pedir permiso para gritar las cartas y volver a imaginarse lo que cada una me decía y en silencio, si lo sé, decir algún pregón:

El cazo El cazo que te hago es poco y el caso es averiguar
El catrín El catrín por la Alameda en bastón quiso empezar
La muerte La muerte kiriki y en hacha
La araña La araña te araña

12 de julio de 1989.


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