Celso Garza Guajardo

En la memoria son un conjunto de términos, usos y sentimiento imposibles de borrar,. Integran una identidad espiritual arraigada naturalmente desde la infancia y que en algo perdura hasta el presente…

Celso Garza GuajardoEn la memoria son un conjunto de términos, usos y sentimiento imposibles de borrar,. Integran una identidad espiritual arraigada naturalmente desde la infancia y que en algo perdura hasta el presente…

Son los recuerdos de Semana Santa en la casa… recuerdos de sol y de polvo en la quietud de una villa y sus moradores aún tranquilos, sencillos y costumbristas.

“Va a comenzar la Cuaresma”, se decía hogareñamente. Cada viernes era para nosotros la cuaresma, entre los meses de febrero, marzo y abril, según se movían las fechas. El viernes de comer nopalitos, el caldo de albóndigas de pescado y de vez en cuando la capirotada. Esos viernes durante los cuales no había matanza en el rastro, pues se consideraba un pecado comer carne roja; las carnicerías no sacaban su bandera de anuncio.

Los santos en las repisas y los calendarios con imágenes religiosas fueron el arte sacro más cotidiano que admirábamos. Las repisas aquellas que como trabajos manuales se hacían en la secundaria y en las paredes de la casa sostenían los santos que observaban nuestros actos; en mi casa recuerdo dos crucifijos, un Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen Guadalupe, la Virgen de San Juan de los Lagos, un San Martín Caballero, el Santo Niño de Atocha y un cuadro de la Última Cena. La tía María Llano nos contaba pasajes de la Biblia y los milagros del Niño Jesús. Mas para los de mi generación, el gran evangelizador en el conocimiento de la historia sagrada y de los hechos de Semana Santa, lo fue sin lugar a dudas, el cine.

Sinceramente, sin todas las películas de temas bíblicos que vimos de niños y adolescentes en los cines Baldazo y Olimpia, no sé que tanta sería ahora nuestra sensibilidad religiosa. La cultura bíblica cinematográfica abarcó películas españolas, americanas, italianas y mexicanas… del cine mudo, color sepia, en blanco y negro y a colores… alguna vez logré contar más de 35 títulos de películas que forman nuestro acervo de conocimientos fílmicos sobre este tema, pues por tradición en los cines del pueblo en esos días solamente se exhibían películas alusivas a temas religiosos.

Siempre, después de cada función, entre la imaginación y el remordimiento, nos preguntábamos en silencio “¿Por qué? ¿Por qué tuvo que ser así el final”.

El Viernes Santo y el Sábado de Gloria eran de profunda tristeza. En cada casa se deberían cubrir los espejos de los roperos, no debería encenderse el radio, no pisar las hormigas en el suelo; sobre todo nosotros los niños no mataríamos pajaritos con las huleras, mucho menos deberíamos de reír y de ser posible, andaríamos con un dedo en la boca. Tampoco debería uno de bañarse y prácticamente no hacer quehaceres, solamente estar en la meditación. En las veredas de las acequias, caminábamos sigilosos los niños, cada quien atendiendo el cumplimiento de tales observaciones. Lo que recuerdo bien es que se nos afianzaba la idea que tampoco deberíamos matar tortolitas, porque ellas habían limpiado la sangre de Cristo.

Alguna vez, descalzos y asoleados, con una jarilla de mojaras del río, nos acercamos a la Iglesia San José en Sábado de Gloria. La tarde era triste y el asombro nuestro fue mayúsculo al ver las imágenes de los santos cubiertas con mantas y la gente rezando en profundo dolor.

Contrastando con todo ello, nos producía admiración la llegada de los paseantes de Monterrey y Laredo al Ojo de Agua… en el pueblo se iban contando los camiones que llegaban, con la novedad de que la entrada al balneario empezaba a cobrarse en veinte centavos, mientras que nosotros, para eludir el pago, recorríamos las veredas del Charco del Lobo y de la Turbina, entonces rodeada de montes.

La Semana Santa casera fue así cándida y llena de un sol silencioso… recuerdo ver pasar a todas horas a la señoras enlutadas y a los adultos rumbo a la iglesia, porque estaban velando a Cristo… me recuerdo pensando y repensando cómo hacerle para ir al cine en esa noche en que exhibían la vieja película mexicana Jesús de Nazareth, con José Cibrián, Adriana Lamar y José Baviera.

La Semana Santa casera, cándida y llena de sol silencioso, puede volver a existir, todo es cuestión de buscarla en el interior de cada quien con gratitud y con humildad.

4 de abril de 1988.


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