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VI. La gente

Lo más hermoso del barrio era su gente. El barrio estaba habitado por una misma categoría: la humana en toda la extensión de la palabra. Nunca fueron desavenidos. Mientras en otros barrios hubo dificultades por herencias familiares el nuestro fue siempre sumamente pacífico.

Los valores que la gente del barrio cultivó nos ayudaron a labrar un futuro de hombres y mujeres de bien.

Siempre eran bienvenidos los fuereños y se les aceptaba con facilidad, concordia y amistad.

Honestidad, incorruptibilidad y decencia fueron siempre las divisas de la gente del barrio, su propensión, su vocación.

El trato de sus gentes era igualitario. He aquí algunos nombres distinguidos: Ing. Juan Garza Morales, Ing. Juan Morales, don Gilberto Garza, doña Julia Flores viuda de De Garza, don José de los Santos, don Antonio Villarreal, don Luis Garza, don Carlos Ramos, Rev. Octavio Mascareñas, Ramiro Samaniego, don Eulalio Garza, don Manuel Morales, don Ricardo de la Garza, don Ramón Mireles, el Dr. don Ricardo Morales, don José R. Mireles, don Guadalupe de la Cruz, don Máximo de León, don Humberto Chapa, don Margarito Salinas, don Melchor Ibarra, don Francisco Chapa, y tantos y tantos otros con todas sus distinguidas esposas, hermanas, hijos, etcétera.

Las gentes del barrio del Aguacate eran las gentes de Sabinas, con los brazos en cruz, con la sinceridad del tamaño de una montaña y la característica franqueza de la gente norteña.

Guapas mujeres adornaron siempre el solar sabinense. Las más guapas entre ellas eran las del barrio del Aguacate.

Las muchachas del barrio, hermosas como reinas, verdaderas reinas del barrio, guardadas celosamente por padres y hermanos eran lo que el hombre siempre ha buscado en la mujer: belleza, honestidad, recato, pulcritud, obediencia, amor, cuidado y responsabilidad.

Los jóvenes del barrio auténticos galanes paseaban con orgullo por el pueblo y eran el blanco de las miradas femeninas y la envidia de los jóvenes de barrios ajenos. La temporada de floración del aguacate coincidía con la primavera, el clima agradable y el enamoramiento de los jóvenes. Llenos de ilusión, buscaban a su pareja entre las muchachas del barrio.

Los adultos, todos ellos trabajadores, responsables, hombres de hogar, fuertes de carácter rígido pero llenos de bondad.

Con las guerras de Corea y Vietnam, el auge de la industrialización de Estados Unidos de América y la contratación de mano de obra barata para las tareas agrícolas en aquel país, surgieron en Sabinas los emigrados, jóvenes que iban en busca de trabajo y fortuna al coloso del norte, Muchos de los jóvenes del barrio se fueron y regresaron por temporadas con lindos carros, dinero para casarse, radios, buena ropa y comodidades para sus hogares.

Los que dieron mayor lustre al barrio fueron quienes hicieron de sus vidas una constante y total entrega al servicio de los demás. Entre ellos destacan don Manuel M. García, hombre de empresa y filántropo, Eugenio A. Solís, maestro y director fundador de la Escuela Normal Pablo Livas, doña Josefina Valadez de Mascareñas, enfermera y periodista y Juan Garza Garza, maestro y poeta, cuyos nombres ostentaban orgullosamente algunas escuelas del estado; Roberto de los Santos, pianista de fama internacional y periodista, Abiel Homero Mascareñas, poeta y maestro, Humberto Moro y Nacho Treviño, toreros de altos vuelos, Jorge Mascareñas, deportista, maestro y periodista, Celso Garza Guajardo, maestro, historiador y cronista de la ciudad, que viviera una temporada en la casa de su tío Juan Garza, Roberto de León, maestro, historiador y periodista, Máximo de León, intelectual y maestro universitario, Rubén Helio Mascareñas, maestro y autor de libros de texto, doña Amparo de los Santos, incansable luchadora de las más nobles causas y tantos otros a quienes todo mundo en nuestro pueblo conoce.


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