Celso Garza GuajardoSí, aquí es. En este pueblo vivió. Aquí nació el 3 de diciembre de 1899 y murió el 21 de diciembre de 1971. En el panteón está su tumba, en las escuelas sus enseñanzas; en la plaza aún está el eco de sus discursos y en algunos casas están sus libros.

¿Y el pueblo, aún lo sabe, aún lo recuerda?… Claro ¡mucho lo recordamos y lo apreciamos! Y dígame… ¿éste pueblo es la aldea a la que él tanto quiso y cantó en vida?

Pues sí… éste es el pueblo, ésta es la aldea.

¡Qué extraño! No lo siento así… creí que me había equivocado de pueblo, por eso pregunté… La aldea, los jacales, los corrales, las labores, las haciendas, la gente rústica… pensé que me había equivocado de pueblo.

Perdón, pero… ¿Quién es usted? ¿Por qué pregunta todo eso? Permítame presentarme: yo soy Celso Garza Guajardo, soy el cronista del pueblo que hoy se denomina Ciudad Sabinas Hidalgo, ¿Y usted?… ¿Quién es usted?

No tengo nombre específico, ni edad, ni lugar, sólo soy el pasado. Si gusta, me puede llamar Señor Pasado y yo le llamaré a usted Señor Cronista.

Gracias.

Pues bien, Señor Pasado. ¿Por qué esa confusión en usted? ¿Por qué no cree que ésta es la aldea de la que tanto habló el Profesor Francisco J. Montemayor? Ahora yo le pregunto a usted.

Se, pues soy el pasado, que el Profr. Francisco J. Montemayor quiso mucho a este pueblo, que fue un excelente maestro, un gran tribuno que escribió la historia de Sabinas Hidalgo como nadie la podía haber hecho mejor; que cantó a todos sus valores y virtudes y a sus hombres, mujeres y niños; que fue un enamorado de este pasado al que idealizó en un concepto original nacido de sus corazón: “mi cara aldea” y yo, a fuerza de emocionante tanto cuando alguien leía de mí, decidí transformarme, de letra impresa en espíritu a aquí estoy, ante usted, como pasado. Así que no me diga nada del pasado, dígame de lo de ahora, pues no veo la aldea, no veo muchas cosas de las que escribió el Profesor y esto me desvanece como pasado, en espíritu y como pasado en realidad. ¿Podría usted ayudarme a no desvanecerse como pasado, como espíritu y como realidad? Se lo pido en nombre de mi mismo, del pasado todo. Se que probablemente no tengo valor, es más, no tendrá con qué pagarle; pero una cosa si le aseguro: la curación a mi enfermedad y a mi desvanecimiento es muy sencilla, es sólo cuestión de ánimos y pensamientos… Si me leen me sueñan, revivo. Sí me cuidan y no me agreden, revivo más y más.

Por eso mi confusión, Señor Cronista… ¿se acabó la aldea?… ¿se acabó el pasado?… ¿queda un lugar para mí?

¡Espere, Señor Pasado! Ni el pasado ni la aldea se han perdido. Se quedaron para siempre desde el instante en que el viejo maestro resumió todo ello en una frase: “Mi cara aldea”, convirtiendo la historia de la aldea y sus valores en espíritu vivo para el presente: eso es su lugar. Sí, paradójicamente, el lugar del pasado, es en el presente.

Cuando el espíritu del pasado no se encuentra en el presente, entonces si. Señor Pasado, usted será el todo de las cosas. Estará solo y se volatizará. Y los hombres serán la nada, de lugar y de tiempo, habiendo convertido el presente y el futuro en lo que más olvidaron y negaron: en el pasado.

Sí, Señor Pasado, de aquí era el Profesor Francisco J. Montemayor. Esta es su aldea; pero probablemente no lo encontrará usted a la vista, tendrá que platicar con las gentes del pueblo. Venga, no tenga desconfianza, permítame que lo lleve con muchas personas. No hay necesidad de presentarlo, pues todos lo conocen a usted.

Y por favor, cada vez que venga a hablar conmigo, tenga a Clío, la musa, la mujer esa que los dioses griegos regalaron a los historiadores para su inspiración…

11 de noviembre de 1984.


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