Celso Garza Guajardo

Es de esos hombres cuyas lecciones son en silencio y cuya autoridad se basa en la vida de su moral, pues les viene por el ejercicio y la humildad práctica con que laboran constantemente…

Celso Garza GuajardoEs de esos hombres cuyas lecciones son en silencio y cuya autoridad se basa en la vida de su moral, pues les viene por el ejercicio y la humildad práctica con que laboran constantemente… uno le ve por la calle, en el ir y venir de su casa al trabajo… a veces se queda en la plaza a platicar con los amigos, su figura es alta, su caminar tranquilo y su mirada es bondadosa… todos los días recorre el mismo camino: la calle Lerdo, el callejón de la Iglesia, la calle de Piedra y bifurcada por la calle Juárez… allí donde está la vieja carpintería que primero fue de su padre y ahora de uno de sus hermanos… ahí trabaja Don Baldomero Treviño Hinojosa.

Músico, carpintero y comerciante en pequeño han sido los tres quehaceres de Don Baldomero. De su padre Don Eliseo Treviño, el legendario “maestro Cheo”, heredó el oficio de carpintero y el arte de la música, luego participó como algo anexo el comercio en pequeño. Su primer instrumento musical fue el violín, el cual aprendió a tocar con destreza, incorporándose así a la pequeña orquesta de su padre cuando era un adolescente; en la década de los 20s y de los 30s, la pequeña orquesta de Don Eliseo amenizaba bailes, actos políticos, corridas de toros y demás fiestas… después siguió en la orquesta de Don Alfredo Garza y luego, en los 50s y 60s, en la de Vicke Garza.

Así transcurrió más de cuatro décadas en esa actividad que iniciara por 1925 y concluyera casi en 1970… a la vez era también carpintero, oficio que aprendió junto a su padre y después instaló su propio taller. Para reforzar sus ingresos atendía su pequeño comercio, todo lo cual hacía primeramente en aquella casa por la carretera frente al Hotel Alamo y luego en el viejo barrio por las calles Ocampo y Lerdo.

Ha sido un hombre de vivir tranquilo, así pasaron las épocas y los años, hasta que un día guardó su instrumento musical y cerró el tendajo de la esquina, más no se retiró de su quehacer original y continuó en el oficio de carpintero como un oficial más en la carpintería de su hermano Roberto… ese hombre se ha disimulado ni sentido la fatiga ni el desánimo nunca, pese a que ya tiene 80 años cumplidos, nacido en 1909, es un digno patriarca del trabajo.

Lucidez, serenidad , constancia y bondad, son las características fundamentales en la vida de este personaje dignamente sabinense que es Don Baldomero Treviño Hinojosa. Junto a su esposa Doña Hortensia Ibarra, formó una familia de nobles hijos. El ha cincelado en silencio y con sonrisa una laboriosa leyenda de trabajo donde el vivir positivo y emprendedor es el remedio para todos los males.

Cada día en la vida de este personaje es como el primer día de muchos días de trabajo a los cuales él adornó con serenidad y con una sonrisa que no niega a nadie… basta verlo ir y venir a su trabajo, aún hoy, a sus 80 años, para aplaudirle e inscribir su nombre junto a los otros muchos patriarcas de nuestro pueblo que forman la legión de nuestros verdaderos héroes civiles que mantienen lo mejor de nuestra dignidad laboral y cultural a través de la más auténtica de las expresiones humanas: el trabajo.

Gracias Don Baldomero por su callada y sonriente lección de todos los días.

23 de enero de 1990.


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