Celso Garza Guajardo

Daba comienzo con la piñata en el patio de la escuela y luego unas bolsitas con cacahuates, dulces de bote, galletas de animalitos y una naranja… La tarde era fresca con el sol de diciembre y todos los niños felices… era el último día de clases, empezaban las vacaciones.

Celso Garza GuajardoDaba comienzo con la piñata en el patio de la escuela y luego unas bolsitas con cacahuates, dulces de bote, galletas de animalitos y una naranja… La tarde era fresca con el sol de diciembre y todos los niños felices… era el último día de clases, empezaban las vacaciones.

La radio fue para nosotros un buen pregonero de la Navidad. Cuentos, canciones y música de Navidad, junto a la radio, de día y de noche, la navidad era imaginación y sueños, más que adornos y arreglos artificiales… la Navidad se nos hizo sentimiento y sonar de campanitas en noches friolentas de escasa luz y poco ruido en las calles. Con  los botones de la radio recorríamos el cuadrante para sintonizar el cuento de Altamirano Navidad en las Montañas o la canción Navidad Guadalupana yo jamás te olvidaré… y los mensajes aquellos que terminaban diciendo “les desean cordialmente una feliz Navidad”.

De niño la Navidad era una constante de hechos culminados: en la iglesia de San José íbamos a ver representaciones sobre el señor San José y la Virgen María… luego las pastorelas allá por la orilla… no entendía eso de la nieve pues en el pueblo sólo hacía frío de ese que llamaban “matacabras”… la discusión sobre si Santa Clós era el papá de cada quien… los carros que llegaban del otro lado con sabinenses pasaporteados… en las casas de árboles de Navidad eran ramas de cubrevientos. Nos hablaban del nacimiento y queríamos verle en algunas casas, nos decían que los Reyes Magos eran quienes deberían traer los regalos, pero eso era hasta el 6 de enero… en esos días se oía decir que la gente pedía sus crismas… el día 28 te despertaban con un algo que no sabías responder y entonces te decían “Inocente para siempre… pobrecita palomita te dejaste engañar”… Todo eso se me revoloteaba, más la alegría por la Navidad nunca se iba.
Lo que precisaba del día de Navidad, el día casero de la Navidad, fue siempre el hecho de que se hacían tamales… tamales de carne, de azúcar, de nalgada y borrachos. La función de los niños además de correr para algunos mandados era la de saborear y pellizcar todo el día el proceso de los tamales. Maravilloso era escuchar la pláticas entre las tías, ver la lumbre para los cazos de los tamales, esperar a media tarde su cocimiento… comerlos con café con leche… después legaba la noche y había que dejar un plato en la cocina para que comiera el que iba a traer los regalos… decían que entraría por la chimenea, que era Santa Clos, mas yo nunca lo creí.

El pueblo era alegre en Navidad… alegre porque le sentíamos tranquilo. Al anochecer me gustaba ver a las personas mayores caminar por las banquetas y como casi no había anuncios comerciales en el pueblo me interesaba ver como fantasía del anuncio de gas neón de la tienda nueva o aquél del borreguito del Café Sabinas… Al volver del cine leí en el aparador de la Casa Morales un anuncio que decía “Gloria a Dios en las alturas  y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

La Navidad tornaba así en un sentimiento donde se nos mezclaban muchas cosas… nos volvíamos sentimentales… no sé por qué estábamos sentimentales. No requeríamos de nada para sentir la Navidad, solamente que era Navidad… no teníamos angustias por las compras desesperadas ni por regalos y más regalos… nada, casi vivimos una Navidad como misterio y esperanzas en el corazón de cada quien. Eramos niños en que mal rezábamos y la Biblia la sabíamos “mocha” más lo que se nos revolvía entre Santa Clós, Reyes Magos, nacimiento y pastores ¡Vaya confusión! más sin embargo, entre los tamales de la casa y el sentimiento en la Navidad en el corazón estábamos seguros y felices significado de esa fecha… por eso los recuerdo se quedaron tan bien, por eso la Navidad se quedó en el corazón.

Los recuerdo se fueron repitiendo, se fueron transformando se fueron alejando… por eso en esta Navidad y en las demás que vendrán, me busco a mí mismo para encontrar la navidad del bien que toda seguridad hay en cada quien… no se requiere más que encontrar los recuerdos de la Navidad que están en el corazón… por eso todos podemos decir una y mil veces ¡Feliz Navidad! como un sentimiento para todas las buenas acciones de la vida.

24 de diciembre de 1987.


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