Celso Garza GuajardoEn una callecita… de cuadra en cuadra tiene un quiebre, como siguiendo su propio arroyo hasta que se pierde en la sombra de la distancia. De oriente a poniente, la calle es estrecha y popular en cada tramo; no es larga, aunque lo parezca y como todas en el viejo pueblo, se inicia en las inmediaciones de la acequia y se va curvando según los solares y sus dueños… según se fincaba, en medio de la propiedad o sobre el límite de ella… según las banquetas, fueran de terraplén, cubiertas de loza de piedra, pequeñas y estrechas o elevadas y anchas, cubiertas de cemento...

A la calle de la Estación no se le puede divisar de principio a fin, aun de lo pequeño que es, pues se “pandea” en sus cinco primeras viejas cuadras para después continuar hasta el tope en un extremo del panteón… le adornaban a la calle antiguas construcciones, casonas señoriales rematadas en cornisas, con puertas y ventanales de enrejados clásicos, hasta modestas fincas de paredes lisas, adustas y armoniosas, de gruesos sillares, adobes empalmados o de piedra sobre piedra.

¿Por qué se le dio el nombre de Calle de la Estación? La respuesta se ha perdido en el tiempo… ¿la estación de llegar?… ¿la estación del tiempo?… en fin, Calle de la Estación. Lo cierto es que la calle ahí está, resistiendo los cambios de ahora, las nuevas construcciones y el tráfico que le embarga de olvido.

Calle fue de lento tránsito de carretas, carretones y carruajes por lo estrecho de su arroyo… hoy le recorren vehículos a toda prisa y solamente algunos transeúntes le caminan a diario. Vecinos de toda la vida en ella siguen dialogando con los espíritus del pasado. Vecinos todos buenos y laboriosos… la calle se ve solitaria como si nadie la habitara y en verdad, hay tramos donde nadie la habita.

La callecita está ahí… es la que está atrás de la Presidencia Municipal o atrás de la otra aristocrática casa blanca de los Morton; es la que está en las subidas hacia el sur… no hay pierde, es la calle de Allende, tan huidiza como mozuela de ladea que se pierde en cada esquina, ya que así protege sus encantos…  persiguiéndola en silencio, es una aventura con la imaginación y el pasado.

Las calles son expedientes del tiempo histórico del pueblo… al recorrerlos y estudiarlos hacemos que el tiempo se estacione para recuperar aspectos esenciales de nuestra identidad.

En la calle de Allende, el tiempo se ha estacionado en sus cinco primeras cuadras y ni los ingenieros le han podido modificar sus trazos; le han cambiado sus fachadas más no la magia de sus quiebres.

18 de abril de 1988.


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