Celso Garza GuajardoEl amigo Manlio fue una leyenda. Formó parte de la vida republicana, de la administración municipal, encargado del quehacer cotidiano de lo que antes era ir a Juzgados. Empleado municipal y empleado del Estado, un ciudadano participativo y de confianza en las tareas del registro civil.

Caballero del trato y del decir protocolario, vio pasar la vida municipal desde el período de don Fernando Viejo en 1949, don Gilberto Garza, don Antonio Garza y don Humberto González Pérez; continúo después con don Gustavo Garza Ancira. Su letra y firma quedaron en actas de Cabildo y en los libros del registro civil para varias generaciones de sabinenses.

A lo lejos la figura de Manlio... delgado y alto, buena mezcla mexicana, paso largo y tranquilo con mirada de paz. Su saco verde oscuro que le conocí, su cigarro y algo siempre bajo el brazo, un periódico, un diario o un bultito. El trato siempre responsable aún de que desde muy joven se inició en la funciones municipales. La cortesía y la atención fueron su don cívico, por igual para los poderosos con abolengo de entonces hasta los humildes labriegos, peones y empleados de toda la vida.

De oficio histórico escribano, acumuló la valía histórica de ser un hombre archivo de imágenes, de nombres, de sucesos de la vida municipal. Era la información tras las cosas.

Discreto en todo, había que preguntarle sobre la historia para que empezara una amena información, siempre ponderada sobre aconteceres del pueblo

En lo personal en cada oportunidad que tenía le preguntaba algo. En cierta ocasión, a mitad de la plaza, nos pasamos buen rato hablando de historias familiares, de las familias de ayer y de las nuevas allegadas al pueblo; recibí una cátedra de genealogía, que aún disfrutó por la forma de la narración.

No sé por qué, pero siempre asocié la figura de Manlio con la plaza, con la calle Hidalgo o con la calle Porfirio Díaz... como que esos eran los lugares por donde sus pasos iban y venían en forma siempre callada, pensativa y con el saludo amable. La última vez que platiqué con él fue en la Sociedad Mutualista, le pregunté por una boda que había sido a las 6:00 de la mañana del otro lado del río a fines de la década de los cincuentas y me dijo:

¡Sí como no! Fue la de tu primo “el güero”, hijo de tu tía Panchita Llano, que se casó con una muchachita de apellido Infante.

Hoy Manlio es historia y con agrado saludaremos su memoria y su don de servidor público.

7 de noviembre 1998


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