Santiago Antonio Vara Perrone

El día primero de junio de 1993 en el aula de la Escuela Normal Pablo Livas, ubicada en el segundo piso, precisamente junto a la oficina del director, se llevó a cabo mi examen profesional como Licenciado en Educación Primaria, mismo que sustenté con la tesis titulada: “El Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica”.

Primer Anecdotario de la Normal Pablo Livas

Santiago Antonio Vara PerroneEl día primero de junio de 1993 en el aula de la Escuela Normal Pablo Livas, ubicada en el segundo piso, precisamente junto a la oficina del director, se llevó a cabo mi examen profesional como Licenciado en Educación Primaria, mismo que sustenté con la tesis titulada: “El Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica”.

Los sinodales que tuvieron la gentileza de revisar mi trabajo final fueron: la Profra. Virginia Sanmiguel García, el Profr. Salvador Garza Inocencio y el Profr. Francisco Guardiola Zapata. Siendo mi asesor de tesis el Profr. Juan Guillermo Ibarra Castellanos.

A la profesora Virginia la recuerdo con un cariño especial ya que, además, fue mi maestra de segundo año en la escuela primaria Anexa a la Normal. Desde pequeños ella nos motivaba a leer y a buscar en los libros la grata compañía de los grandes autores. Ya en el Normal, la maestra Virginia nos enseñó, con mucha paciencia, lo mismo a conocer la evolución psicológica de los niños, que a construir franelógratos o retroproyectores con focos de 100 watts. Esa era nuestra tecnología educativa, y con esa tecnología, nuestros alumnos nos sólo aprendían, sino que aprendían bien.

Al maestro Salvador Garza Inocencio lo recuerdo como un buen amigo de mi padre y como un excelente asesor de la práctica docente. Con él aprendimos en un año de asesorías lo que no nos pueden explicar cientos de libros de teoría de la didáctica. Nos supo guiar a lo largo de nuestras primeras aventuras con un grupo de niños. Aún recuerdo los consejos e incluso las firmes pero necesarias llamadas de atención del maestro Salvador cuando nos relajábamos en el compromiso magisterial y perdíamos la compostura que siempre debe tener un verdadero docente; él sabiamente nos guiaba y nos aseguraba que: ser maestro era una de las responsabilidades más grandes que podía tener un ser humano y ningún egresado de la Normal Pablo Livas tenía el derecho de echar por borda el prestigio ganado a pulso por esa institución.

Al maestro Francisco Guardiola lo recuerdo como un ejemplo en las líneas del deporte infantil y como un excelente maestro que nos enseño la importancia de la disciplina en todo lo que hiciéramos. Su basta experiencia en importantes escuelas como la Manuel M. García nos enriqueció enormemente.

Al profesor Juan Guillermo Ibarra lo recuerdo también con un especial cariño ya que fue mi maestro de sexto año de primaria también en la Anexa y con él participamos en múltiples eventos y concursos como los de lectura oral en el teatro de la desaparecida “Fundidora de Monterrey”; los concursos de oratoria en el desaparecido “Cine Baldazo”; los del “Mejor alumno”, hoy llamado “Olimpiada del Conocimiento”, los concursos de Matemáticas y de Ortografía en Lampazos, N. L.; así como eventos cívicos y culturales de nuestro municipio. Ya en la Normal, el maestro Juan Guillermo nos apoyó con su sabia asesoría para nuestra tesis y nos enriqueció con su vasta experiencia en la educación primaria.

Tuvimos muchos otros maestros a lo largo de 7 años en las aulas de la Normal. Ojalá en posteriores participaciones pueda expresarme de cada uno de ellos con la propiedad que todos se merecen.

Aunque la ceremonia de graduación dilató cerca de dos semanas, los primeros días de junio la generación 1986–1993 de la Normal Pablo Livas, cumple 15 años de tener legalmente la licencia para ejercer una de las profesiones más nobles, exigentes y satisfactorias a las que se puede dedicar una persona.

En la Normal aprendimos a valorar nuestra profesión. Fuimos educados por maestros que amaban a la Normal y principalmente amaban ser maestros. Fuimos una generación humilde y sencilla pero que creció con valores y con respeto.

A todos mis maestros de la Normal les envío el mayor de los agradecimientos por permitirme compartir con ellos una profesión y una filosofía de vida.

A mis compañeros de generación les agradezco infinitamente haberme dejado vivir con ustedes siete inolvidables años en aquellas otrora calurosas, humildes, pero entrañables aulas de la Normal; y les ruego me concedan su venía para, en posteriores artículos, hacer algunos respetuosos comentarios de algunas anécdotas que nos tocó vivir.

Por último, a quienes hoy en día suben cada mañana bajo la mirada de ese humilde muchacho que está plasmado en el mural de las escalinatas en nuestra Normal, les pido que piensen en la enorme cantidad de gente valiosa y valerosa que ha subido por esas escaleras siendo apenas unos adolescentes y ha bajado de ellas como maestros.

Les suplico que sigan valorando a nuestra amada Normal, como lo hacen hasta ahora, y reflexionen en lo que el maestro Salvador nos decía: “nadie tiene el derecho de echar por la borda el prestigio ganado a pulso, y yo agregaría: con sangre y lágrimas, de esta institución. Nuestra querida Normal Pablo Livas.

Santiago Antonio Vara Perrone
XLI Generación
1989–1993
5º Generación de Lic. en Educación Primaria



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