Crónica de un momento crucial

Dedicado para mi buen amigo Francisco Javier González Flores como un reconocimiento a su brillante trayectoria en la Liga Pequeña de Beisbol, en su mejor época.

El juego que ha sentado sus bases en todos los rincones de nuestra República Mexicana, Latinoamérica y gran parte de este planeta integrado por 3 cuartas partes de agua, llamado Tierra, es, indudablemente, el beisbol grande de las ligas pequeñas.

Y lo estamos presenciando en el palco de trasmisiones de este bonito parque producto del esfuerzo, del trabajo de conjunto de los padres de familia en coordinación con los directivos o viceversa que no escatiman para cumplir con su obligación de complementar la educación de sus hijos inculcándoles muchos valores; y se lo estamos llevando hasta donde se encuentre a través de los micrófonos de la XJH con música y deportes hasta que se empache expresa el comentarista radiofónico―.

Añadiendo: “Hay gran expectación en las tribunas, el silencio lo demuestra, muchos aficionados ya no tienen uñas sólo se escuchan las palabras de aliento de los coaches después de trasmitir una serie de señales donde el bateador fija su atención ¿Será la primera, la segunda, la tercera? Sólo ellos lo saben; es el secreto, la incognita, lo interesante de este jueguito, que cada quién tiene su opinión y sólo el manager ordena en el bien llamado deporte de las inteligencias, por el decano cronista deportivo miembro del salón de la fama José Isabel “Chabelo” Jiménez”.

Y no es para menos, se juega la parte baja de la última entrada, hay dos outs con un corredor en la inicial por la primera trasferencia otorgado por el lanzador, quien aparte de haber lucido un extraordinario control durante todo el partido, ha estado tirando lumbre a la goma, señal, según los conocedores de esta materia del cansancio, el desgaste físico y mental del pitcher, que se ha mantenido bajo presión todo el trayecto.

¿Quién ganará? ¿Se impondrá la teoría de otro viejo lobo de mar en la crónica; el popular Pedro “El Mago” Septién? (Contra la base por bolas no hay defensa) en un momento lo sabremos, la pizarra continua cerrada, nada para nadie cero a cero el marcador, es el momento plateado para disfrutar su refresco favorito y agradecer el gentil patrocinio de nuestros anunciantes.

El piloto de la nave visitante hace la señal de tiempo chocando los dedos de su mano derecha con la palma de su miembro superior izquierdo, el hombre de azul se lo concede, ingresando a dialogar con su batería integrándose todo el infield, y es que son ya 7 lanzamientos fuera de la zona de strike.

Está de turno, nada menos que el campeón bateador en el torneo nacional celebrado en el parque “Isauro Alfaro Otero” de Tampico, Tamaulipas, refrendando su titulo el mismo año pasado en la ciudad de México D. F. en los juegos nacionales del D.I.F.: Francisco Javier González Flores, quien aprovecha para recibir instrucciones directas de su coach de tercera base.

Dos títulos nacionales en un año en la categoría de 9 y 10 años y su contabilidad, repito, 3 y nada, difícil situación y muy complicada la decisión, pero al fin con una palmadita en la espalda le da su voto de confianza el manejador y abandona la loma de las responsabilidades, se la juega con él, además de ser su mejor carta todavía luce una magnifica velocidad por lo tanto el bateador tiene medio segundo para decidir si trata de hacer contacto con la bola, posteriormente emplear parte de ese tiempo para impulsar el bat y encontrar la esférica en el momento justo y lugar correcto.

El ampayer con el clásico grito de play ball convoca a los peloteros a continuar practicando el rey de los deportes en su máxima expresión, el pitcher entra de frente porque en está división las reglas dicen que no debe despegarse el corredor hasta que el pitcher suelte y el bateador, en esta guerra de nervios amaga con tocar la bola para mover el infield y le cantan el automático, de nuevo, el serpentinero acepta la señal de su catcher y obedeciendo las indicaciones Javi aguanta todo el camino y ya está en capilla.

Ahora si, no hay de otra lo dejan libre, el pitcher rechaza la señal de su receptor una y otra vez, por fin acepta, ya se prepara y lanza una rápida a la esquina de afuera y frío, calculador, ágil, física y mentalmente, como todo un veterano, hace el ajuste correspondiente y saca una linea de tendedero entre segunda y primera que pica y se extiende por todo el callejón.

El corredor salió al contacto, hit and run natural, dobla por segunda va para tercera de frente al coach que le indica con giros de muchas revoluciones de su mano derecha a continuar la carrera porque no lo escucha, la algarabía es ensordecedora, sin titubear, no hay tiempo para nada; a la vez, el tiro del jardín viene con precisión a la mascota del catcher plantado adelante del pentágono, a donde llega el corredor barrido de abanico y ¡safe! exclama a todo pulmón la máxima autoridad.

Sabinas Hidalgo ha ganado y se perfila otra vez con muchas posibilidades de conquistar el campeonato, obvio en el dugout todo es alegría, felicidad, se abrazan, otros se palmean, vacían con vasos desechables el termo del agua, la locura colectiva de chicos y grandes dando rienda suelta a la tensión acumulada.

Los aficionados en las gradas comentan jubilosos la jugada, el gran batazo, la determinación del corredor, el cálculo del coach en fin, comentarios sobran, los enamorados aprovechan la ocasión, mientras tanto un padre de familia, el del pitcher derrotado, se encuentra cabizbajo con un nudo en la garganta al ver a su hijo con una lagrima en su mejilla, baja los escalones de la tribuna musitando: “Por eso es grande el beisbol infantil, porque los niños aprenden a ganar o perder en fracciones de segundo, como la vida misma”.

Realidad o ficción, el beisbol es reflexión.

Ramón Ábrego Vázquez
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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