Hace días, el 17 de agosto del año 2007 a las 18:34:11 segundos para ser exactos se recibió un mensaje de correo electrónico.

El Sr. Harry Einbinder quien trabaja para los Blue Jays de Toronto y tomará un postgrado en área de economía en el Tecnológico de Monterrey en septiembre nos encomendaba transferir su mail al director de la academia de beisbol de El Carmen, N.L., Sr. Ángel Macías Barba.

La situación ya está resuelta primero por medio del Profr. Abraham Villarreal Cervantes, segundo, se remitió a los administradores del sitio de los Sultanes, a lo que voy es que vino a mi memoria, al ver el nombre de Ángel Macías en un portal nuestro dedicado a la Liga Pequeña, su hazaña en Williamport, Pensilvania hace 50 años.

Ustedes a lo mejor no están para saberlo, ni yo para contarlo pero el que ésto escribe se aficionó al beisbol porque mi padre, Benito Ábrego Esquivel, se trasladaba cargando conmigo desde Monterrey, donde vivimos, de hecho, ahí nací; y de Sabinas Hidalgo a su tierra natal El Álamo, Vallecillo, N.L. a cubrir la receptoría con las Águilas dirigidas por el Profr. Cruz Montemayor Montemayor.

Con la afición a todo lo que da, yo jugaba “al bate” con los Ríos, Cavazos, Niño y Vázquez, en el Barrio del Buche; donde los Salazares, mi amigo Mario q.e.p.d. y sus hermanos, además de los Lucio, Toño, Darío, Rodolfo y no recuerdo si también Pedro, lo hacían “a la patada” (futbol), de lo cual ya platicaremos más ampliamente.

A lo que me refiero, es que recuerdo la emoción indescriptible que vivió el pueblo de Sabinas Hidalgo aquel lejano 23 de agosto de 1957 con la narración del juego de beisbol de Liga Pequeña desde Williamport, Pensilvania por el inolvidable cronista Don Manuel González Caballero.

En lo personal lo escuché en la vulcanizadora de Don Leodegario Hinojosa, que me había dado la oportunidad de “laborar” en las vacaciones después de dejar las aulas de mi única escuela “Manuel M. García”, y estamos en lo mismo hasta la fecha.

La carretera lucía vacía, no circulaba nadie, ni peatones, ni ciclistas, cocheros y sólo se escuchaba la narración de Don Manuel, en La Favorita, en El Bohemio, en La Huasteca, en la Refaccionaria Ruiz, etc.

Después de ponchar al último bateador, para consumar el único juego perfecto en una final del  campeonato mundial, de Ángel Macías, estalló la euforia, me atrevo a decir locura, del pueblo, al menos en la carretera, en forma instantánea, aquello tan solitario en cuestión de segundos se atiborró de gente de todas las edades.

Hoy es un día más que especial, me inicié en el trabajo que actualmente poseo, con la alegría que gracias a Dios todavía conservo y la memoria puesta en los Pequeños Gigantes de 1957.



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