No, yo nunca estoy sólo, con mi soledad

Georges Moustaki, Mi Soledad.

Carolina Montemayor MartínezLo escuché, por vez primera, hace ya muchos lustros, en ruta hacia el "Mont Saint Michel", lo recuerdo como si hubiera sido ayer, cruzábamos un puente de una animada población cuando el intempestivo y bello rasgueo de cuerdas de guitarra proveniente de la radio, anunciaba la melodía y letra de "Le Métèque" A partir de aquel día, se despertó mi apasionado fanatismo por el cantautor Moustaki, francés de origen griego. Su seducción es persistente...

Compositor de letra y música e intérprete de sus poéticas canciones las cuales conozco y canto casi con veneración, será, tal vez, que su calidad de "meteco" nombre dado a los extranjeros en Atenas y, por extensión, en Francia, me identificaba con él en aquellos felices e inolvidables años de vida de estudiante extranjera becada por el gobierno francés.

La adquisición de sus álbumes es aún solaz y pasión, la lectura de sus temas, su comprensión y traducción, mi intento de reproducir las inflexiones de su voz, son, como fueron ayer, asuetos y ensoñaciones.

Cuando habla de la soledad y dice: Por haber dormido tanto tiempo con mi soledad, la hice casi mi amiga, una dulce costumbre.

Ella no me deja ni un paso, fiel, como una sombra. Ella me ha seguido aquí y allá, hasta el fin de las horas. Al cantarle a su libertad, él expresa: Mi libertad, mucho tiempo te guardé, como una perla rara. Mi libertad eres tú quien me ha ayudado a largar las amarras.

Para ir, no importa a dónde, para ir hasta el límite de sendas de fortuna, para cortar entre sueños, una rosa de los vientos o un rayo de luna En su más conocida composición, "Le Métèque" escribe: Con mi cara de meteco, de judío errante, de pastor griego y mis cabellos a los cuatro vientos, yo vendré, mi dulce cautiva, mi alma gemela, mi fuente viva, yo vendré a beber tus veinte años.

Y yo seré príncipe de sangre, soñador o bien adolescente como tú querrás elegir y haremos de cada día toda una eternidad de amor que viviremos hasta morir.

Cuando reclama a San José por todas las consecuencias que implicó su elección de María: Mira lo que resultó mi amigo José por elegir a la más bonita de entre las muchachas de Galilea, la que se llamaba María.

Hubieras podido tomar a Sara o a Débora pero preferiste a María. ¿Por qué permitiste que tu hijo, ese inocente, tuviera esas extrañas ideas que hicieron llorar tanto a María?

Sólo algunos conceptos en la diversidad de su rica producción, Georges Moustaki, con su guitarra ya esperanzada ya doliente, con sus coros de ángeles, su voz de apóstol enamorado, aventurero y libre, hace posible aquel sueño imposible, nos impulsa a la búsqueda del paraíso que creíamos perdido, a rehacer nuestras vidas que temíamos próximas al ocaso, a esperar más, muchos más amaneceres promisorios y resplandecientes.

Él es la parte nuestra que, tras la somnolencia y la abulia, se reanima y despeja, es nuestra adolescencia y sus alforjas pletóricas de tiempo y de confianza.


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