Se encontraban dos personas en un hospital, enfermos en el mismo cuarto, uno de ellos del lado de la ventana que daba a la calle y el otro del lado del corredor.

El del lado del corredor estaba imposibilitado para moverse así que le pedía al del lado de la calle que le platicara que pasaba allá afuera ya que el otro con muchas dificultades pero podía moverse, así día con día empezaban las historias.

Hoy amaneció el día hermoso frente a mi se encuentra un hermoso y florido parque, lleno de aves y niños correteando, los jardines son preciosos y las parejas se pasean con su familia o con sus novios, hoy la ciudad esta de fiesta y el carnaval es hermoso lleno de juegos y camiones adornados ¿que más? ¿que más? ¡cuenta! ¡cuenta! -le decía el otro- ¿que más ves? los vendedores de globos y serpentinas están haciendo su agosto vendiendo toda su mercancía y la gente se ve muy contenta, los payasos andan muy bien vestidos de hermosos colores y los niños se divierten.

Así todos los días el enfermo de la cama del lado de la calle le narraba al enfermo del lado del pasillo todo lo que miraba y el otro se gozaba con los relatos de su amigo, todos los días, día con día.

Pero un día, el enfermo de la cama del lado de la calle amaneció muerto y su amigo entristeció pero pidió a la enfermera que le asignara la cama del lado de la calle a lo cual la enfermera accedió, con dificultad lograron ponerlo en su nueva cama y pidió que lo levantaran para ver la calle y sus jardines, y su placita, y la gente, y las parejas, y los payasos y los vendedores... ¿Cuáles? -le dijo la enfermera- “enfrente solo hay una pared de un edificio vecino, no existe nada de lo que usted comenta”, no puede ser -dice el enfermo- si mi amigo recién muerto, por años me contaba lo que veía, imposible -le dijo la enfermera- porque su amigo ¡ERA CIEGO!


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