Carolina Montemayor MartínezTengo un amigo, lejano en la distancia y en el tiempo; próximo en el recuerdo y en el reciente anhelo. Poco lo veo pero mucho lo pienso. Imagino sus ojos, ya iluminados por el placer de la coincidencia afortunada; ya ensombrecidos por algún mal viento hostil. Reconstruyo, en el horizonte hechicero de la imaginación, el asombro de su sonrisa de niño emotivo y la sorpresa de su temple de hombre obstinado y tenaz.

Es poeta mi amigo, trotamundos y ciudadano de todos los países; él no lo sabe pero es también bohemio, por la libertad que preserva y la virtud de conmoverse, de indignarse y decir, sin reservas, lo que piensa.

Lo conocí entre libros, clases, metodologías, estructuras lingüísticas, modismos, conversaciones, vocabularios, fragmentos literarios y conjugaciones. Me sedujo su actitud de amigo y de hermano, la prestancia en su quehacer, la holgura en el proceder, la facilidad en el saber. No sé qué ni cuánto de este qué, me dejó esta seducción, mas algo debe ser si desde entonces, su presencia ha poblado mi memoria.

En alguna playa incógnita, mi amigo levó el ancla de su barca de ausencia; izó al viento las velas del silencio. Meses y años; continentes y océanos; dichas y desdichas sobrevivimos antes de que el azar nos atrajera y, extrañamente, nos situara en las mismas coordenadas. Henos allí, mi amigo y yo, otra vez, aquel viejo romance imaginado, aquel sueño imposible, aquella fantasía enajenada, viejo y febril delirio, aquel reencuentro con lo irrealizable. . . y me otorgó otra vez la posibilidad de restaurar aquel capricho antiguo, de comprender aquello que él me había dicho: En la otra vida, Carolina, en la otra vida... Ahora espero, una vida más y me pregunto ¿es acaso posible? ¿Existe la otra vida? Y, si es así, ¿cómo lo reconoceré? ¿Cómo sabrá él que soy yo? Aquella a quien para la otra vida aplazó en su agenda?

Si alguien dijo que admirar es amar, y si ese alguien tiene razón, yo he sido constante y fiel a ese amor de ficción, ese ensueño ideal que satura de esperanza la promesa incierta de una vida futura.

Carolina Montemayor


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