El sábado había sido un día muy especial pues se había jugado el clásico entre Tigres y Rayados, y, al igual que en otras ocasiones, en casa de Chema se habían reunido un grupo de amigos para ver por televisión este juego tan esperado por la afición.

Desgraciadamente, al igual que en los clásicos más recientes, el juego no respondió a las expectativas y terminó en un aburrido empate.

Pero eso no fue obstáculo para que Chema y sus cuates barrieran con toda la botana, la carne asada y las bebidas que habían preparado con tiempo, por aquello de la ley seca, pues al día siguiente tendría lugar la elección presidencial.

Fue por eso que todos optaron por retirarse en cuanto concluyó el partido, a fin de levantarse temprano y acudir a las casillas que les correspondían a cumplir con su deber como ciudadanos, tal y como se había puesto de acuerdo.

Tan pronto sonó el despertador, Chema dejó la cama.

En realidad, para cuando escuchó el timbre ya tenía un buen rato de estar despierto.

Se llegó la hora, pensó para sí, y se encaminó a la ducha donde permaneció alrededor de veinte minutos.

Aunque era muy temprano, el agua no estaba lo fría que hubiera deseado; y no era para menos, pues los calores diarios, cercanos a los cuarenta grados, hacían que el líquido que salía por la regadera se sintiera tibio.

El tiempo que empleó para bañarse estuvo meditando acerca de su voto, pues aunque ya habían transcurrido varias semanas desde que cada partido dio a conocer y registró a su respectivo candidato a la Presidencia, y aún después de las intensas campañas realizadas por cada uno de ellos, todavía no decidía por quien votar.

Para cuando terminó de asearse, su esposa ya le había preparado el desayuno, cuyo rico aroma se esparció por toda la cocina llegando hasta la recámara donde Chema, peine en mano, daba los últimos toques a su cabello, ya no tan abundante, para que cada mechón quedara en su sitio.

Algo notó su esposa, que lo conocía muy bien, pues en cuanto se sentó a la mesa le preguntó el motivo de su preocupación.

¡No me digas que la elección del próximo Presidente es lo que te trae tan pensativo!

Pues sí, le contestó Chema, y es que elegir a quien tendrá en sus manos el destino del país durante los próximos seis años no es cualquier cosa.

Pero es que siempre es lo mismo, dijo con un dejo de fastidio su esposa, aunque sabía que decirlo le valdría el reclamo de su marido.

¡Tenías que salir con eso! Deberías entender que gentes apáticas y negativas como tú tienen mucho de culpa en la situación que nos aqueja como ciudadanos.

Iba a continuar con su perorata pero pensó que sería inútil, pues lo único que lograría sería ponerse de mal humor y acrecentar las dudas que aún le embargaban.

Sin embargo, muy en su interior pensaba si tendría razón su esposa al señalar que, sin importar el partido que obtuviera el triunfo, las cosas no marchaban del todo bien, pues persistían los rezagos, y la brecha entre ricos y pobres seguía ampliándose, con los ricos más ricos y los pobres más pobres.

Tiene razón mi esposa, razonó, cuando dice que los precios siempre van a la alza, y que la gasolina, el gas, la luz y muchos productos de la canasta básica están por las nubes, y no se diga con la inseguridad, que ha venido a trastocar por completo nuestras costumbres y forma de vida.

Aún así, Chema opinaba que nunca debería perderse la esperanza: si no pensamos o creemos que las cosas pueden cambiar algún día, decía, y no hacemos algo para que eso suceda, entonces sí que estaríamos bien jodidos.

Llegada la hora, Chema emprendió el viaje hacia el plantel escolar donde se ubicaba la casilla en la que le correspondía votar, y mientras avanzaba con paso firme hacia dicho lugar, repasaba mentalmente las opciones que tendría a la vista en unos momentos más, cuando el funcionario de la mesa electoral le entregara la boleta respectiva.

Desgraciadamente, se decía, de los candidatos prácticamente sólo se conoce lo que los diferentes medios de comunicación dan a conocer, y lo poco que trasciende durante sus campañas y en los debates televisivos; aunque ya sabemos que, candidatos vemos, funcionarios no sabemos.

Era así como se decía que el candidato del tricolor, un joven ex gobernador, era producto de la publicidad desplegada durante años por las empresas televisoras, particularmente Televisa, cuyo poder se acrecentaría, aún más, si él fuera el próximo Presidente.

A la candidata albiazul, que formó parte del gabinete, se le tacha de inexperta y se dice que con ella al frente del Ejecutivo los grandes empresarios seguirán protegidos y haciendo dinero, amén de que los precios continuarán incrementándose con la consiguiente pérdida del poder adquisitivo de las mayorías, que ya no sienten lo duro sino lo tupido.

Por su parte, el candidato del Sol Azteca, que se distingue por su intolerancia, sigue despertando mucho temor en los dueños del dinero, pues tienen miedo de perder todos sus privilegios y tener que pagar impuestos como Dios manda si él fuera el elegido. Además, conocen su arrastre entre los pobres y piensan que podría verse tentado a convertirse en un dictador.

Tan absorto iba en sus pensamientos, que al cruzar una calle lo hizo sin ninguna precaución, y lo único que escuchó fue el rechinar de unas llantas y el grito de una mujer que le decía: ¡Chema, levántate, se te va a hacer tarde para ir al trabajo!

Despertó sobresaltado, con la cara perlada de sudor y un ligero temblor en todo su cuerpo, producto, no solo del calor que ya se sentía a esa hora de la mañana, sino también por lo que estaba soñando.

Tan pronto se levantó, se encaminó a la ducha donde permaneció alrededor de veinte minutos, y aunque aún era temprano, el agua no estaba lo fría que hubiera deseado.

Mientras se bañaba esbozó una sonrisa al recordar lo que soñaba cuando su esposa lo despertó, y, para tranquilizarse empezó a tararear una canción de moda pensando que aún faltaban varios meses para le elección, y, además, se dijo, él ya tenía su “gallo” para la Presidencial, y, salvo que no resultara designado por su partido, ya vería entonces, cuando llegara el momento, a quien le daría su voto.

Y es que, con todo y la situación imperante, razonó Chema, debemos hacer a un lado el importamadrismo y cumplir nuestra obligación con toda responsabilidad; de otra manera, con qué cara podemos exigir a otros que cumplan con la suya.

Para cuando terminó de asearse, su esposa ya le había preparado un rico desayuno, cuyo aroma se esparció por cada rincón de la cocina llegando hasta la recamara, donde Chema se afanaba en peinar su escaso cabello.

José Castellanos Maldonado
(Miembro de la Asociación Escritora de Sabinas Hidalgo)
Cuento corto escrito semanas antes de la más reciente elección presidencial.



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