Simón Cervantes y sus hazañas deportivas – Segunda parte
Durante sus inicios como corredor, hubo de pasar por muchos sacrificios dada su precaria situación económica, llegando inclusive a correr descalzo, pero su amor por el deporte lo hizo seguir adelante cosechando importantes triunfos a pesar de las adversidades, es así que un día que se disponía a correr como integrante del equipo de relevos de 4X400 metros planos en el Parque Acero de la Fundidora de Monterrey en el año de 1956: equipo integrado por los profesores Benito López Valadez y Manuel Pérez Camacho, completando la cuarteta Carlos Viejo y el propio Simón Cervantes: se daba el caso que este último cerraría la carrera y observando su entrenador Profr. Víctor Alejandro Méndez que no traía los zapatos especiales para correr por no tener el dinero para comprarlos, le sugirió que cuando concluyera la participación de su compañero Pérez Camacho, éste se los prestara y así fue como cerró en forma por demás relampagueante aquel relevo en la ciudad capital ante el asombro y algarabía de la multitud allí reunida.

Hombre ampliamente conocido, en el ambiente deportivo de Sabinas Hidalgo, leyenda viviente que a sus 75 años es poseedor de una extraordinaria lucidez mental que le permite recordar sus múltiples vivencias deportivas con una claridad y precisión como si acabaran de ocurrir, seguramente debido a que desde los 17 años se inició como deportista en el área del atletismo al ser descubierto por el maestro Inés Garza Peña, docente de la escuela primaria "Bonifacio Salinas Leal" (hoy "Venustiano Carranza"), el cual lo invitó para que representara a esta institución educativa en los segundos juegos de la Revolución Mexicana, celebrados el 20 de noviembre de 1953 en el entonces campo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, situado al oriente de la gasolinera Ancira.
Fue una esposa atenta para resolver las necesidades de su esposo e hijos y muy sensible para ayudar a los mas necesitados, recordando las muchas ocasiones cuando su marido le pedía la preparación de algunos alimentos para llevárselos a los campos de cultivo y ofrecérselos a sus trabajadores quienes saboreaban esas ricas y deliciosas comidas preparadas con mucho amor por Doña Socorro, correspondiendo ella y Don Rodolfo a la buena disposición de sus trabajadores.
Fue una madre de familia que se preocupó por el porvenir de cada uno de sus hijos cual ave maternal atenta en los primeros aleteos de sus pequeñines para encauzarlos por las mejores y acertadas rutas que los condujeran al éxito total, por ello al paso del tiempo, cuando tiene la desgracia de perder para siempre al compañero de su vida, toma con gallardía e inteligencia el timón de su hogar y aunque la mayoría de sus hijos ya se habían realizado como seres humanos dentro de nuestra sociedad; domingo tras domingo acudían temprano por las mañanas para saludarla y acompañarla, a la par que disfrutaban los sabrosos y exquisitos almuerzos que acostumbraba prepararles con mucho cariño y amor, durante los cuales compartían sus vivencias, sus alegrías y tristezas, sus éxitos o sus fracasos que ella escuchaba con mucha atención, lo que le permitía emitir sus juicios de valor con esa autoridad que la escuela de la vida la había dotado, concluyendo cada reunión dominical con sus sabios consejos para cada uno de ellos, destacando entre ellos aquel que siempre les recordaba: "Ustedes manténganse siempre unidos, suceda lo que suceda y si algún día llegan a tener alguna desavenencia, arréglense entre ustedes en forma pacífica, utilizando el diálogo y la tolerancia, sin faltarse al respeto para que siempre lleguen a un final feliz". Esa fue la filosofía de la vida que Doña Socorro puso en práctica y que tan buenos resultados le redituaron para el bienestar de su ejemplar familia.
Hace unos días, los noticieros de televisión daban a conocer que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se encuentra en Cuba nuevamente para someterse a una segunda operación, ya que como es del dominio público, padece de un tumor canceroso, tumor que hace unos meses le fue extirpado por médicos cubanos.