El corrido de Agapito Treviño
Al comenzar la película “Cuando lloran los valientes” protagonizada por Pedro Infante, un narrador nos señala: “Este es el corrido de Agapito Treviño, Caballo Blanco. Los corridos nacen del pueblo. Son una historia hecha música de un hombre, de una fecha, de un suceso escrito con sangre. Los corridos siempre se escriben con sangre y éste no es la excepción. Agapito Treviño existió y ésta es la historia de su vida. Una historia cruel, amarga, injusta…” En dicha película el Trío Los Tamaulipecos interpretan un corrido a Agapito, al que consideran “el valiente de San Nicolás”, seguramente porque hacen a Agapito originario de la antigua hacienda que Pedro de la Garza adquirió en 1635 a la viuda de Diego Díaz de Berlanga a la cual llamaron Estancia de los Garza y luego San Nicolás de los Garza.
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En la tranquilidad del hogar, en ese “bunker” que antes era imposible penetrar, porque la maldad estaba afuera y allí en el hogar, el calor, el calor del amor, la sinceridad de las palabras, la limpieza en la actuación, el ejemplo de la sencillez, la magnificencia de la humildad y todo ello matizado con un sentido de responsabilidad y entrega hacia los demás.
En una de tantas reuniones celebradas en la Benemérita Sociedad Mutulista “Sabinas Hidalgo, el profesor Gilberto Hernández Garza nos platicó acerca de un accidente que sufrió cuando viajaba, sin ninguna compañía, a la ciudad de México en un carro Maverick de su propiedad y se desbarrancó en una cuesta del camino.
La transformación que las personas manifiestan con el proceso educativo, es muy halagadora; seres débiles y desprotegidos se convierten en luchadores sociales que, abanderando los ideales de las clases humildes se transforman en sus redentores.
Grandioso fuiste entre todos los maestros.