Profr. Salvador Garza Inocencio

Vivíamos por la calle Bravo, caminábamos hacia el norte, a media cuadra estaba la calle Escobedo continuábamos en nuestro andar y llegábamos a la calle Iturbide, doblábamos hacia el oriente y nos encontrábamos en una esquina con una casa color rosa o un color violeta muy pálido...

Profr. Salvador Garza InocencioVivíamos por la calle Bravo, caminábamos hacia el norte, a media cuadra estaba la calle Escobedo continuábamos en nuestro andar y llegábamos a la calle Iturbide, doblábamos hacia el oriente y nos encontrábamos en una esquina con una casa color rosa o un color violeta muy pálido; en dicha esquina podíamos ver un gran buzón de forja antigua color rojo un poco desvanecido por la pátina del tiempo, allí la gente del pueblo depositaba sus cartas, aquellas cartas de antaño escritas con paciencia y con amor; eso nos indicaba que habíamos llegado a la tienda de Don Guadalupe Villarreal. Un hombre atento, de carácter afable, de mirar sereno y de una tranquilidad inquebrantable, así era el dueño de aquella tienda.

Llevábamos en nuestras manos una botella de cristal vacía y nos apersonábamos en el mostrador para pedirle que nos vendiera diez centavos de “ajenjo” un licor de color verde con sabor a menta, con el cual regresábamos apresuradamente a nuestra casa, porque el ajenjo era el deleite del paladar de mi abuela y a cambio del “mandado” como asó le decían en aquella época el prestar un servicio o el hacer un favor, mi abuela me permitía dar un pequeña trago de aquel líquido espirituoso, por supuesto a escondidas de mi madre.

En Galeana e Iturbide se ubicada esa bien surtida tienda; allí se podía adquirir timbres postales, sal, maíz, frijol, azúcar, piloncillo, botones, zapatos, pantalones, camisas, jarros, cazuelas, gas morado, alcohol, sodas, pan, sombreros, calcetines, manteca, escobas, trapeadores, café y cuántas cosas más.

En esa tienda estaban Don Lupe y Doña Carlota, atendiendo a los numerosos parroquianos, los habitantes de Sabinas y la región llamaban a esa tienda “La Casa del pueblo” y a Don Guadalupe Villarreal Garza lo conocían como “Don Lupe el Agradable”

Garza Inocencio



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