A lo largo de dos mil años, la ciudad de Roma se ha consolidado como centro de la cristiandad católica. La ciudad eterna, descrita en el himno pontificio como la tierra de mártires amados; originalmente sede del imperio romano, luego del imperio romano occidental y sede santa de la iglesia católica cristiana. La emblemática capital de la república italiana, con personajes civiles como religiosos, estos últimos que alcanzaron la santidad a través de la oración, de la contemplación, del estudio, del ejemplo y testimonio de vida. Son innumerables los santos, beatos, religiosos, sacerdotes y pontífices que han nacido en Italia. Indudablemente todos ellos tienen algo en común: su adhesión a Cristo y a la Iglesia. Así como el hermano y el pobre de Asís a quien se considera el precursor del renacimiento y de la unidad lingüística italiana, hay otro santo que vivió plenamente el proceso de la unificación de Italia a lo largo del siglo XIX, patrono de las juventudes, de los periodistas y editores, fundador de una congregación con fuerte presencia en la educación y promoción humana.

Juan Melchor Bosco Occhiena, nació en I Becchi, actualmente llamada Colina Bosco en su honor el 16 de agosto de 1815. Fue hijo de Francisco Luis Bosco y de Margarita Occhiena. Ambos procrearon a dos niños, José y Juan. El padre ya viudo, tenía un hijo de nombre Antonio, al cual prontamente se integró a la nueva familia dedicada a las labores del campo. Lamentablemente se quedaron sin el amparo y protección del padre de familia pues Francisco muere cuando el menor de sus hijos contaba apenas con dos años de edad. Entonces la madre debió sacar de apuros a los tres niños, a quienes inculcó el espíritu de disciplina y trabajo.

Juan Melchor, el menor de los Bosco, tuvo un sueño a la edad de nueve años que cambió completamente su visión acerca de lo que quería. Tuvo un sueño profético en donde se vio tratando de sacar por medio de los golpes a unos niños que se expresaban con malas palabras en el patio de su casa. Entonces se le aparece un hombre el cual le dijo que solo podría cambiar a las personas con amabilidad y no con golpes. Cuando le preguntó a éste quién era, el hombre se refirió a su madre y le dijo: “pregúntale a ella”. Era una señora con majestuosa apariencia quien le advertía la necesidad de cambiar a las personas por medios distintos. Precisamente éste fue el primer mensaje que don Bosco recibió por medio de sueños. A lo largo de su vida mantuvo una serie de sueños premonitorios con los cuales guió su obrar a favor de los más desvalidos, pobres y necesitados.

Juan Bosco fue el único de la familia que pudo estudiar gracias a la ayuda de un anciano sacerdote llamado Melchor Calosso. Lamentablemente el presbítero murió al poco tiempo, obligando a Juan emplearse como pastor, ayudante de sastre y zapatero, además dedicó parte de su vida al teatro, la música y la prestidigitación, formando un grupo llamado la Sociedad de la Alegría para pagarse los estudios. Luego se sintió atraído por la carrera sacerdotal, ingresando al seminario cuando contaba con 20 años, logrando el sacramento del sacerdocio el 5 de junio de 1841.

Formó parte del clero de Turín, una ciudad que comenzaba a sobresalir como centro fabril. Una ocasión, el padre Bosco vio cuando un sacristán golpeaba a un joven que no sabía ayudar en la misa como acolito. El sacerdote defendió al niño quien le confió su incapacidad en leer. Entonces se dedicó a formar un grupo de niños de la calle a los que daba catecismo, enseñaba a leer y escribir. Eran tiempos difíciles, propios de la unificación italiana, promovida por el conde Camilo Cavour quien pensó que Bosco quería hacer una revolución con los niños de la calle. Afortunadamente contó con el apoyo del rey Carlos Alberto de Piamonte- Cerdeña y de otras manos caritativas que le ofrecieron una cantidad de dinero para comprar un terreno en donde comenzó a construir una casa hogar para niños y niñas necesitados de un hogar.

Los niños crecieron. Pronto se agruparon en un movimiento de laicos y religiosos los cuales formaron una gran familia inspirada en la obra de san Francisco de Sales, doctor de la Iglesia y obispo de Ginebra del cual puso bajo su amparo el gran movimiento religioso y laico conocido como la familia salesiana; además de fundador de las hijas de María Auxiliadora. San Juan Bosco murió el 31 de enero de 1888. El 1 de abril de 1934 fue declarado santo por el papa Pío IX y le fue dado el título de “Padre Maestro y Amigo de los Jóvenes”.

Si san Francisco de Asís es el santo del renacimiento italiano, san Juan Bosco es el santo de la unificación italiana. Toda su obra la realizó en una ciudad que fue testigo de cómo la casa de Saboya comenzó a unificar diversas regiones y estados en poder de los Habsburgos y de los Borbones. En cierta forma se apoyó del rey Carlos Alberto de Saboya y del conde Camilo Cavour para lograr los objetivos de unificar a Italia como una república. Y el 31 de enero es su día. Felicidades a todos aquellos que con la obra de don Bosco, laicos y religiosos qie son sal de tierra y luz del mundo.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales