Conocí a Los Ramones, Nuevo León en el mes de junio de 1986, en donde permanecí poco menos de mes, como parte de un trabajo de pastoral en conjunto entre el Seminario de Monterrey y la parroquia de San José. Tenía pocas referencias acerca de dicho municipio, entre ellas que de ahí venía una persona que admiro y curiosamente no conozco cuyo nombre es Víctor Eloy Meléndez Leal. Pueblo que respeto y quiero mucho. Un lugar emblemático y referente obligatorio para la cultura regional, pues casi todos los mejores exponentes de la música regional son de ahí o de municipios circunvecinos como General Terán o de China: entre ellos están los Donneños, los Alegres de Terán, don Antonio Tanguma, los Invasores de Nuevo León, Luis y Julián, Carlos y José y recientemente Luisa Fernanda Patrón del grupo Tayer. Pueblo de mujeres guapas y hombres trabajadores, honestos, alegres y fiesteros. Muchos se dedican a la agricultura o la ganadería. Otros más se fueron a los Estados Unidos y otro tanto reside en la zona metropolitana de Nuevo León. Con excelente comida y gente ilustre y servicial.

El municipio de Los Ramones está situado en la parte centro oriental de Nuevo León. A 80 kilómetros de Monterrey. A ella se puede acceder ya sea por la carretera a Miguel Alemán a través de dos opciones: de Pesquería se sigue a Santa María La Floreña y de ahí a San Isidro. La otra, pasando Doctor González, desviándose por la Venadera y Garza González hasta llegar a Ramones. La otra forma de llegar es a través de la carretera Monterrey-Reynosa. Poco antes de llegar a China se toma una desviación hacia el noroeste. Tiene una extensión territorial de 1328.5 kilómetros cuadrados.

Los Ramones se llaman así en honor a Juan Ignacio y Buenaventura Ramón. Originarios de Lampazos en donde sirvieron como soldados presidiales y se sumaron a las filas insurgentes a fines de 1810. Fueron aprehendidos en Acatita de Baján, llevados a Monclova y de ahí a Chihuahua en donde fueron fusilados en el verano de 1811. Originalmente se llamó San José del Capadero, haciendo honor a sus orígenes como estancia ganadera, la cual se benefició gracias a los suelos repletos de salitre, pasto y verdura para la engorda del ganado mayor y menor. Fue encrucijada de caminos, pues necesariamente se debía pasar por estar en el camino intermedio entre Cerralvo y Cadereyta y entre Cadereyta y Reynosa.

Su cabecera está a 226 metros de altura sobre el nivel del mar y se ubica en un valle que se extiende más allá de dos estribaciones o cadenas montañosas conocidas como Picachos y Papagallos. Ahí donde ambas se juntan está el antiguo Paso de Ramos, actualmente Doctor González. De ahí hacia el noreste están los Ramones. Una comunidad ganadera bendecida por las corrientes de agua que bajan de Papagayos, las cuales alimentan arroyos como el Ayancual y Mojarras, que también nutren al río Pesquería que pasa por un lado del pueblo. En su suelo abunda la vegetación propia de las llanuras del plano inclinado del Golfo: con barretas, huizaches, mezquites, anacuas, anacahuitas y la uña de gato, entre otras más.

Limita al norte con Cerralvo y Los Herreras, al sur con General Terán, al este con China y al oeste con Cadereyta Jiménez, Pesquería y Doctor González. Su extensión territorial se conformó con algunos lugares que antiguamente pertenecieron a dichos municipios: por ejemplo de Cerralvo se quedó con Hidalgo y Mojarras, de General Terán se quedaron con El Carrizo y el Porvenir, de Pesquería San Isidro y el Ayancual entre otros lugares.

Los Ramones se convirtió en municipalidad del estado libre y soberano de Nuevo León el 30 de octubre de 1912. Hace exactamente cien años, de ahí que deseo honrar la historia de un pueblo que me trató como uno de los suyos. Y al que continuamente recuerdo a la distancia temporal como física. Un pueblo que siguió un proceso fundacional muy singular. Se considera a José de Ochoa y Elejalde como uno de sus primeros pobladores, quien obtuvo merced para poblar el 27 de agosto de 1687. Estas tierras fueron vendidas en 1709 a Marco Flores. Luego pasaron a Marcos de Treviño. La viuda de éste, Rosa Gutiérrez las vendió en 1739 a Juan Rodríguez Vaca, vecino de Cadereyta y quien venía de San Juan del Río, Querétaro y entró como ganadero al Nuevo Reino de León en 1680.

Cuando murió don Juan, su viuda Antonia Sánchez de Barrera rentó las tierras a José López de Jaén quien intentó apropiárselas. Los descendientes de don Juan Rodríguez Vaca, argumentaron incapacidad para trabajarlas debido a las continuas incursiones de los llamados indios bárbaros. Uno de sus hijos llamado José Plácido Rodríguez Vaca decidió reclamarlas hasta que se quedó con ellas. La gente de Ramones cuenta que don Plácido hizo una recua de mulas, agarró unas cuantas talegas con monedas y se fue hasta la ciudad de México en donde logró el reconocimiento de la propiedad que su padre había poblado desde el segundo tercio del siglo XVII.

Seguramente de ahí viene el patronato al señor San José. El fundador había nacido en 1730 y murió en 1787 en el lugar, se casó tres veces y procreó 18 hijos. Primero con Margarita de los Ríos, luego con Manuela Leal de León; ambas de Cadereyta y finalmente con Ana María Rodríguez de Montemayor del Huajuco. La hacienda quedó establecida más o menos entre 1746 y 1750. Pronto la prole aumentó y en consecuencia llegaron otros linajes como el Cantú, Quintanilla, Ochoa, Barrientos, Benavides, Pérez y González.

Debido a la prosperidad tanto ganadera como agrícola, el lugar alcanzó la categoría de valle el 16 de abril de 1831 con el nombre de San José de los Ramones. Por ese tiempo pasó la expedición de la comisión de límites al mando de Luis Berlandier, quien describe al Capadero como un valle agradable a la vista y susceptible de cultivarse, con abundante ganado caballar, arroyos con pequeñas cañadas y atiborrados por ladrones. Señala que San José está al pie del cerro del Capadero y vale la pena llamarle pueblo. Un pequeño arroyo que toma su nombre del rancho de Salinillas pasa por ahí y aumenta la fertilidad del suelo. Un sitio bucólico habitado por pastores que cuidan sus ganados.

San José dependía originalmente de Cerralvo y los vecinos se apresuraron a construir un templo, escuela y un local que sirviera para tratar los asuntos públicos. Solicitaron la elevación a municipalidad en 1834 pero no lo lograron. En 1872 San José de los Ramones quedó bajo la jurisdicción de Cadereyta. Aprovechando las fiestas del centenario de la Independencia, los vecinos hicieron la petición para convertirse en municipio, precisamente con el nombre de Villa de la Independencia. Insistieron hasta lograr el reconocimiento el 30 de octubre de 1912 al constituirse en municipio, quedando como Villa de los Ramones, siendo su primer alcalde Simón Rodríguez. Uno de los principales promotores de la elevación a villa, fue Nicolás Garza González, originario de Apodaca en donde nació en 1855. Ejercía la medicina en forma empírica y se asentó en Ramones en 1906. Ahí se dedicó a las obras de beneficio social: la escuela, el templo, una biblioteca, una banda de música. Además del consultorio con el que atendía a todos los necesitados. Promovió el traslado de agua potable desde Papagayos al pueblo, la traza del pueblo y fue el primer juez del registro civil. En 1917 fijó su residencia en Monterrey en donde murió en 1934. En su honor, al pueblo de Mojarras se le puso el nombre de Garza González. Mis respetos y todo el cariño a la gente y al pueblo de los Ramones, en su centenario como municipalidad de Nuevo León.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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