Ramiro Rodríguez MartínezEn Haití, la tierra no es tierra,
las calles no son calles.
Las mujeres levantan sus rostros
para cortar la desnudez de las bestias.
Los hombres huyen
         con la pregunta en sus labios,
las palabras del miedo,
pájaros entumecidos
           en el movimiento del sol.

En Haití, el hambre no es hambre,
el caos se tatúa en los cuerpos de la gente.
Los niños abren sus ojos
                   como lunas desoladas
en el fondo de lagos, se cubren de polvo,
derraman el líquido de la inocencia
para quedar como hojarasca
                         sobre las plazas.

En Haití, los árboles no son árboles:
son estatuas resquebrajadas.
Las casas en los barrios no son casas:
son escombros
                en la lengua del viento.

Ramiro Rodríguez



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