Ramiro Rodríguez MartínezA Laura Torres Yáñez

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A Laura Torres Yáñez

Hablaste, Laura, como hablan aromas,
llegaste entre abluciones otoñales,
te encendiste en lámparas siderales
con gracia noble de infantiles bromas.

Me hiciste volver a blancos momentos,
descendiste azul cual lluvia que cae,
deduje, Laura, que Dios siempre trae
su aliento inmortal de cálidos vientos.

Autor: Ramiro Rodríguez

Publicado en Ateneo Literario José Arrese de Matamoros


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