Desde la fundación del Valle del Real de Santiago de las Sabinas, éste ha pasado por las más distintas épocas, años de bonanza, de sequía, de auge minero, ganadero, inundaciones, tempestades y todo aquello que podamos imaginarnos en casi trescientos años de existencia. Años hubo en que gran parte de los pobladores de este Valle, fue fuertemente atacado por una terrible enfermedad, la epidemia de “cólera morbus”; en el lustro de 1830 a 1835, en el país se fue acentuando paulatinamente este terrible mal que dejaba verdadera desolación en los hogares, ya que no existían los medios clínicos para combatirla. Concretamente en nuestra región, en el año de 1833 se agudizó el problema y la epidemia azotó el Valle sin dar tregua ni cuartel.

Los facultativos de la época, verdaderos titanes de la medicina, no daba abasto ante este flagelo apocalíptico que dejaba centenares de huérfanos y en la más ruin miseria a muchos hogares. Posteriormente, a esta fecha en el año de 1837 se cimbraron los corazones sabinenses de la época, habían llegado noticias de que con gran rapidez se propagaba como sombra de muerte y de dolor la epidemia de viruela. Ni tardo ni perezoso el Alcalde de entonces señor don Francisco Santos organizó una junta de sanidad que se encargaría de tomar todas las providencias posibles para evitar que el mal penetrara al Valle y además, para tratar de conseguir la vacuna anti-virulienta, empresa que sin lugar a duda sería sumamente difícil.

La junta fue establecida oficialmente el día 17 de junio de 1837 integrada por las siguientes personas: Sr. Pedro Noceda, facultativo; Sr. José de Loreto Pardo, facultativo; Sr. Marcelino de la Garza, Regidor; Sr. Manuel Salinas, vecino; Sr. José María Arredondo, vecino; Sr. Francisco Santos, Alcalde y el Presbítero Martín Arizpe y Fernández. En un documento verdaderamente patético por su contenido y que se encuentra en el Archivo Histórico Municipal, con fecha del 18 de julio de 1837, el señor Pedro Noceda, facultativo y miembro de la Junta de Sanidad, expresó lo siguiente: “Hace más de cinco años ando solícito por adquirir el fluido vacuno original (vacuna anti-virulenta) y más empeño he tomado desde que vino la circular del señor Perfecto; pues madrugué a visitar los corrales de las vacas el viernes nueve del corriente y en más de veinte granos que hallé en las tetas de tres vacas no conseguí uno sólo en sazón, no obstante, tomé el fluido de uno que me pareció menos pasado y vacuné a una hija mía y a otra parienta de cinco años de edad ambas; hasta el quinto día tuve esperanza de conseguir buena vacuna en los brazos de mi hija, pero no logré esto, aunque sigo empeñosamente solicitando el fluido original el cual por ser difícil de conseguir pido a esta Junta que por cualquier medio y en cualquier forma se traiga a la ciudad de Monterrey”.

Digna labor de un hombre que, por evitar la desgracia y la desventura de su pueblo, desarrollaba uno de los más grandes sacrificios, experimentar en el campo médico con su propia hija.

Fuente: Archivo Histórico Municipal de Sabinas Hidalgo.
Santiago A. Vara Jiménez
Consejo de la Historia y la Cultura Sabinas Hidalgo.



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