Andares por el Barrio
Hablar de barrios en una urbe como Monterrey, es sinónimo de añoranza, de nostalgia por los tiempos idos, es remitirse a las caudalosas aguas del río Leteo, el río del olvido, para rescatar cual magnífico sobreviviente, al hecho que caló fuerte en el ánimo de quien lo presenció.
Hablar de barrios en la gran ciudad es suspirar hondo, profundo, es derramar lágrimas al ver la transformación a que la llamada modernidad los ha sometido, y en muchos de los casos, la aberración arquitectónica material y espiritual que los ha destrozado.
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Lejos han quedado aquellos tiempos en que el hombre era dominado por la naturaleza, en la actualidad el dominio tecnológico y científico ha logrado que el ser humano domeñe al medio geográfico, lo transforme, lo utilice para edificar sus viviendas, construir presas, carreteras, puentes y muchas otras cosas.
Historiar el devenir de un pueblo como Agualeguas, nos conlleva a introducirnos en el maravilloso mundo de los archivos, con el propósito de desentrañar las historias ocultas, los hechos significativos que conmovieron a la comunidad, los personajes desconocidos que participaron en acontecimientos bélicos, y de aquellos que han forjado a los nuevos ciudadanos como educadores, médicos, abogados, agricultores, ganaderos y todos los que han participado en la vida pública de Agualeguas; merecen reconocimiento especial sus mujeres ya que en este municipio se presenta el caso único en todo el estado de Nuevo León y quizá en la República Mexicana, donde las mujeres ocupan la tesorería municipal en diversas ocasiones a fines del siglo XIX y principios del XX.