Como ave impulsada por el viento que flotando va en el aire, así ha transcurrido tu vida; pues no has permitido que las piedras del camino, impidan tu ligero andar. Has transitado por sinfín de veredas, algunas eran parejas y te trasladaban por vericuetos llenos de flores y luz; pero otras fueron negras y horrorosas y te acarrearon sufrimiento que tu supiste vencer con resignación, acompañada siempre de tu fiel
Esposo, que te había dicho al oído, como Díaz Mirón: ¡Confórmate, mujer! Hemos venido – a este valle de lágrimas que abate,– tú, como la paloma, para el nido,–¡Y yo, como el león, para el combate!
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