Profr. Salvador Garza Inocencio

Allá cuando cruzar la frontera norte no tenía mucha dificultad, allá cuando la moneda estaba al dos por uno; él se aventuró en busca de mejores horizontes, ¿Porque? Solo él lo supo, pocos supieron que él por aquellas tierras aprendió el idioma inglés.

Profr. Salvador Garza InocencioAllá cuando cruzar la frontera norte no tenía mucha dificultad, allá cuando la moneda estaba al dos por uno; él se aventuró en busca de mejores horizontes, ¿Porque? Solo él lo supo, pocos supieron que él por aquellas tierras aprendió el idioma inglés.

Trabajó muchos años en la tienda de Don Luis González, esa gran tienda que surtía de mercancías al poblado y a las rancherías circunvecinas de aquella época.

EL trabajó por muchos años en esa tienda, su trabajo un eterno caminar por las calles del poblado, un ir y venir, un traer y llevar; él era el encargado de “hacer los mandados” en aquel negocio. Su nombre era José, su andar vacilante, su cuerpo encorvado, un viejo y maltratado sombrero cubría su cabeza. Forma un hogar y une su vida a la de Hilaria, otra historia de sacrificio y de trabajo. Juntos se dedican a la venta de leña, principal combustible para las cocinas de ayer, allá por la calle del Alto hoy calle Juárez vivía José e Hilaria y además de leña vendían “pastura” para los animales. Ella también hacía a mano unas sabrosas tortillas de maíz que José se encargaba de entregar. José, no recordamos su apellido, solo lo llamamos como lo conocía el pueblo: Gorraprieta.


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