Profr. Otoniel Arrambide VillarrealEl humano es por naturaleza un ser gregario, haciendo referencia a que vive en sociedad estableciendo relaciones con sus semejantes, solo que esas relaciones en algunas de las ocasiones son practicadas con mucho amor y enorme sensibilidad por aquellas personas que gustan y disfrutan de la relaciones sociales, por lo que con mucha frecuencia las encontramos con la sonrisa a flor de labios, acompañadas con palabras llenas de optimismo y buenos deseos hacia nosotros, lo que las hace contar con infinidad de amistades en el ambiente donde viven o en los lugares que frecuentan.

Así fue en vida nuestro estimado y fino amigo Oscar Armando Guajardo Quiroga quien partiera de este mundo el pasado 8 de marzo del presente año, dejando entre los amigos que tuvimos la fortuna de convivir con él, un hueco difícil de llenar, pues fue un ser humano que difícilmente se enfadaba; por regla general siempre andaba con mucho optimismo y excelente humor, motivo por el cual su familia en primer lugar y luego todos sus demás familiares y amigos, vamos a extrañar su siempre agradable y grata presencia.

Sr. Oscar Armando Guajardo Quiroga
Sr. Oscar Armando Guajardo Quiroga.

Oscar Armando fue un ejemplar hijo, esposo, padre, abuelo, hermano y tío. Trabajó incansablemente como empleado bancario durante 38 años, de los cuales los últimos 9 los desempeñó como Gerente General, jubilándose en ese importante cargo el 29 de julio de 1996 durante una emotiva ceremonia donde con el corazón enternecido y lleno de emoción se despidió de sus compañeros con un fuerte apretón de manos como saludo, acompañado de un efusivo abrazo y un emotivo mensaje en el que les refería que amó tanto su trabajo que si volviera nacer, de nueva cuenta elegiría ese empleo, concluyendo su intervención diciéndoles: "Que Dios me los bendiga a todos hoy y siempre".

Era muy común escuchar de sus labios expresiones como: ¿Cómo has estado campeón?, ¡Ánimo cuadro! , "Si las cosas no cambian, todo va a seguir igual" y otras muchas, por lo cual era un verdadero deleite escuchar sus atinados y certeros comentarios plasmados de buen humor que nos hacía cambiar positivamente de actitud en nuestra manera de actuar y de vivir.

Mi amistad con Armando se remonta hasta la infancia cuando su familia completa visitaba a la mía que vivió por aquellos años en una "majada" donde mi padre se dedicaba al pastoreo de ganado caprino y mi tío Felipe Guajardo, padre de Armando, trabajaba cultivando la tierra en un predio situado a corta distancia de nuestra rústica vivienda, acudiendo a su diario trabajo a bordo de un carretón estirado por una bestia mular. Cuando mi tío Felipe llegaba a visitarnos en su vehículo con mi tía Ramona Quiroga y sus pequeños hijos, era un día de fiesta para ambas familias aquellos inolvidables momentos cuando mi madre y la de Armando nos preparaban deliciosos guisos de cabrito, sin faltar la sabrosa leche quemada que hacían en recipientes colocados al fuego directo hecho con leña de mezquite; alimentos que eran un agasajo al paladar de todos nosotros. Mientras nuestras madres preparaban aquellos manjares, Armando y el que esto escribe, acompañados de nuestros respectivos hermanos nos divertíamos de lo lindo bañándonos en un estanque situado a poca distancia; allí le lanzábamos piedras a los patos y a las víboras que moraban en aquellas tranquilas aguas. El recuerdo de estos sucesos irrepetibles e inolvidables, fluían de la mente de nuestro amigo Armando cuando ya de adultos conversábamos en diversos lugares, fuera en el Banco, asi como en algún sitio donde nos encontábamos casualmente, en las reuniones de la Benemérita Sociedad Mutualista de la cual fue socio y Presidente o en su taller de soldadura que instaló después de retirarse de la empresa bancaria.

El domingo 10 de marzo, los hermanos mutualistas recibimos en nuestro propio edificio sus restos mortales, despidiéndolo en con una organizada y emotiva ceremonia donde resaltamos brillantes pasajes de su fructífera vida, tanto como miembro innovador de su querida Sociedad Mutualista, como en el ámbito de su vida privada. Posteriormente sus restos fueron depositados en el panteón municipal del Barrio del Aguacate donde ya descansa durmiendo en la paz y tranquilidad de la eternidad. De esta manera fue como despedimos a este gran "Campeón" de la vida. ¡Los recuerdos de sus vivencias por siempre perdurarán en nuestros corazones!.

Profr. Otoniel Arrambide Villarreal
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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