Después de años de ver deteriorada su salud se nos adelantó este 9 de julio, el Profesor Gilberto Hernández Garza, despidiéndolo con profunda tristeza, familiares, amigos y compañeros al Maestro y Ex Alcalde de nuestro municipio

Unas cuantas líneas no podrán describir la vida y obra del profesor de profesión y gran maestro de vocación, altruista y servidor público por elección, pero intentaré resumir para quienes no tuvieron la fortuna de conocerlo, tengan a bien, saber un poco de él.

Fue el quinto de 6 hermanos, hijos de un matrimonio sólido, pero que desafortunadamente no duró mucho, porque teniendo él la edad de 4 años, su papá Don Secundino, obrero de una fábrica de jabón y un líder sindical que luchaba para que a los trabajadores se les respetaran sus derechos y tuvieran una vida más digna, falleció en la ciudad de Monterrey repentinamente de un infarto.

Allí comenzó a escribirse su historia y con certeza afirmo que esa tragedia, la falta de su padre, y la gran valentía y lucha de su madre, lo marcaron y lo encaminaron hacia el rumbo que tomó su existencia.

Doña Fernanda al verse viuda con 6 hijos a los que tenía que sacar adelante sola y en Monterrey, decidió vender lo poco que tenía e instalar su residencia en Sabinas Hidalgo, Nuevo León. Sin mucho apoyo, pero con la firme convicción de no darse por vencida nunca, se puso a trabajar de todo para que a sus hijos que oscilaban en las edades de 14 años a 2, no les faltara su alimento y lo más indispensable.

Días no había mucho que comer, pero ella se daba la habilidad de hacer rendir para que todos alcanzaran, aunque ella misma, como toda madre sacrificada y abnegada, no pudiera probar, pero a pesar de todo, jamás se le vio débil, ni un sollozo, ni un reclamo por la vida que le tocó sufrir, al contrario, siempre fuerte y alentando a sus hijos para que trabajaran por un futuro mejor.

Las lecciones, los valores inculcados, el amor y el ejemplo, no fueron en balde, aunado a los deseos de superación y a la inteligencia que demostraba tener ese niño morenito y serio rindieron sus frutos.

Claro que no fue fácil y menos en una época en la que la gran mayoría de los sabinenses de nivel socioeconómico bajo se conformaban con terminar el nivel básico de estudios, si bien les iba. Él impresionaba a sus maestros por sus calificaciones, su perseverancia y las ganas que le ponía al estudio y su meta estaba definida y clara, él quería ser Maestro.

Terminó felizmente sus estudios primarios, pero al quererse inscribir en la escuela secundaria se llevó la sorpresa de que no lo aceptaban porque sólo tenía 11 años, conforme al reglamento, le faltaba un año para poder hacerlo, triste, decepcionado y hasta lloroso llegó a su casa e inmediatamente su mamá puso manos a la obra y después de hablar con directivos e interceder la alegría volvió a él porque finalmente fue recibido y exitosamente culminó y tan es así, que en plena adolescencia a los 15 años empezó a darles clases a los alumnos del Comercio, alumnos que tenían su misma edad y algunos hasta mayores.

La pobreza la conoció muy de cerca, pero eso no impidió sus deseos de entrar a estudiar en la Escuela Normal Pablo Livas, pero precisamente fue esa misma pobreza económica la que lo llevó a tener una gran riqueza de valores como la honradez, la responsabilidad, disciplina, fortaleza, sencillez y humildad, mismas que en cada acción de su vida fue demostrando.

La ropa se la hacían y se la arreglaban con gran amor y dedicación sus hermanas, el calzado de medio uso, eran los que les pasaban parientes o vecinos, los libros los conseguía como podía, así estudiaba, al mismo tiempo daba clases y en la noche trabajaba de mesero en una pequeña fonda para ayudar a mantener su casa, así supo que si quería conseguir su sueño tenía que trabajar duro y sin descanso, nadie le iba a regalar nada, aunque a lo mejor sin saberlo, su mamá les estaba obsequiando lo más valioso que hay y dejando la mejor herencia a él, su educación y gran ejemplo de vida.

Según cuentan sus propios alumnos, maestros como él, muy pocos, estricto, disciplinado y firme, pero a la vez profesional, dedicado y sensible para entenderlos, apoyarlos y dejar en ellos, no sólo las enseñanzas básicas, sino también un buen e imborrable recuerdo.

Fue profesor de primaria y de la Escuela Comercial, Director a sus escasos 23 años, también fue Inspector de zona, Maestro de la Escuela Normal y llegó hasta sub director de la misma, dejando así, infinidad de alumnos a su paso, los cuales a palabras de ellos mismos, después de conocerlo, mejoró su calidad como personas.

Su afición al beisbol, no sólo lo hizo jugar, como pitcher además, sino también a ser fiel colaborador voluntario en la Liga Pequeña de Sabinas Hidalgo, coordinador por más de 20 años, enseñando a los niños con disciplina el gran arte del rey de los deportes y gracias a su organización y una labor de equipo excepcional, tuvieron excelentes logros, al convertirse en la primera liga que a nivel nacional obtuvo 3 boletos a campeonatos nacionales en la misma cantidad de categorías en un mismo año, en 1980, obteniendo el título en el mismo año y en 1982 en la categoría de 9 y 10 años.

Las buenas acciones del Profesor Gilberto se extienden mucho más allá de las aulas y del deporte, siendo miembro de la Sociedad Mutualista del municipio, del Grupo político “El Jugo”, Presidente del PRI y al ser conocido por su labor altruista, sumado lo anterior, hizo que el mismo pueblo lo eligiera como precandidato a la Alcaldía de Sabinas Hidalgo, ganando la contienda interna y posteriormente la elección popular, llevando un mandato completamente limpio, honesto y con buenas obras materiales, pero sobretodo, lleno de esas obras que no se ven y que casi ni se saben, que son las de ayudar a tantos sabinenses que de una manera u otra se lo solicitaron, pero que en ellos, en su memoria, quedó constancia de que hizo hasta lo imposible y más, para no defraudarlos, y a muchos los apoyó hasta con recursos propios.

No existen las personas perfectas, pero al tener tantas virtudes, los defectos se hacen pequeñitos y se dejan de lado. Él fue ejemplo de rectitud, disciplina, vocación de servicio, decencia, humildad y muchas cualidades más que todas las personas que lo conocieron, lo constataron, para muestra, el Maestro, amigo y compañero de trabajo y de vida Profr. Javier Arturo Solís Montemayor mencionó en su funeral que la huella que dejó a su paso el Profr. Gilberto, es imborrable, su calidad como persona y ser humano fue excepcional, rara de encontrar en la vida, en todos los ámbitos no sólo hizo lo que tenía que hacer, sino siempre dio el extra, como resultado de ello, sus éxitos y jamás cambió su forma de ser, y no son alabanzas, sólo la realidad, concluyendo: “Es el único alcalde que conozco que entró pobre, y salió pobre”… honor a quien honor merece.

Guardia de honor de la Escuela Normal Pablo Livas


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