Muchos municipios de Nuevo León tienen el orgullo de ser la cuna de muchos y exitosos hombres de bien que han gobernado nuestra entidad. Linares por ejemplo, se precia de aportar 26. De los municipios que rodean a Santa Catarina, San Pedro Garza García ha dado dos: Lázaro Garza Ayala y Jerónimo Siller y Villa de García cuatro: Joaquín García, Genaro Garza García, Canuto García y Albino Zertuche que lo fue en Oaxaca. Santa Catarina no ha dado propiamente a algún gobernante en forma por decirlo así directa, lo cual no impide de que nos apropiemos de al menos cinco de ellos: José Joaquín de Mier y Noriega, Joaquín García, Genaro Garza García, Ignacio Morones Prieto y Raúl Rangel Frías.

José Joaquín de Mier y Noriega aunque nacido en Monterrey, padre del insurgente fray Servando Teresa, fue gobernador del Nuevo Reino de León y mantenía su hacienda en esta región. Don Joaquín García, nativo de Villa de García, descendiente de don Lucas García y Juliana de Quintanilla, fundadores de la antigua hacienda de Santa Catalina en 1596, fue el primer alcalde de nuestro municipio y el tercer gobernador de Nuevo León. Un nieto suyo, don Genaro Garza García, fue uno de los mejores gobernadores de Nuevo León a lo largo de nuestra historia, también representante legal de la Comunidad de Accionistas de Santa Catarina en donde mantenía algunas propiedades. Otro ex gobernador de Nuevo León que vivió en La Fama, fue don Ignacio Morones Prieto quien al sentir el rechazo de las élites regiomontanas, prefirió establecer su domicilio por estos rumbos.

Uno de los mejores gobernadores de Nuevo León en el siglo XX, fue sin duda don Raúl Rangel Frías. Nació enfrente de la Alameda de Monterrey el 15 de marzo de 1913. Hijo del ilustre médico santacatarinense Edelmiro Rangel y de la queretana Josefina Frías. Estudió en el Colegio Civil de Monterrey para continuar los de derecho en la UNAM en donde se graduó en 1938. Ya en Monterrey se dedicó al ejercicio de su profesión y a la docencia en diversas instituciones educativas, entre ellas la Universidad de Nuevo León en la cual llegó a ser su rector entre 1949 y 1955, al igual que su actividad literaria en la cual incursionó notablemente en distintos géneros. En 1942 se casó con Elena Hinojosa con la cual procrearon cinco hijos.

De la Universidad de Nuevo León fue postulado por el Partido Revolucionario Institucional a la gobernatura de la entidad, en la cual sirvió notablemente con acierto y responsabilidad. Durante su gestión apoyó a la educación y se realizaron obras de infraestructura para dotar de agua a las comunidades menos favorecidas, de carreteras y caminos, energía eléctrica, además de la promoción económica regional tanto en la industria, la agricultura y la ganadería. A Rangel Frías se le debe la construcción de la Ciudad Universitaria y del rescate del antiguo palacio episcopal de Nuestra Señora de Guadalupe para convertirlo en el Museo El Obispado. De igual forma la adquisión del fondo Alfonso Reyes para convertirla en la capilla Alfonsina. También logró la condonación de la deuda de las finanzas estatales.

Entregó la gobernatura de Nuevo León en 1961 a Eduardo Livas Villarreal. Sin dejar su pasión por las letras, la docencia, la historia y la promoción cultural, don Raúl estuvo como director general de Investigaciones Humanísticas de la UANL, delegado de la SEP y presidente del Instituto de la Cultura de Nuevo León. Fue nombrado doctor Honoris Causa por la UANL y se hizo acreedor a las medallas al mérito Nuevo León, Alfonso Reyes, Diego de Montemayor y Alonso de León. Don Raúl falleció en Monterrey el 8 de abril de 1993.

Recordando sus orígenes, en uno de sus escritos se refirió al pueblo de sus ancestros: “Santa Catarina, pueblo arrinconado a propósito en la entrada de cuestas y puertos de la colosal artillería de piedra que hace de muralla. Hecho para vigilar acometidas y asaltos sobre el valle, de los hijos del desierto. Posta de viajeros en diligencia de herradura, que es forzoso tocar para emprender el ascenso o bajar de la Mesa del Norte para el litoral del Golfo. Ha recibido caravanas históricas, de los conquistadores a los obispos, gobernadores; carretas y tropas de carneros, ejércitos libertadores y otros invasores extranjeros, a sus días de villa de frontera, su posición de estrategia arriera y militar, con una ya próxima edad en aquel entonces, de asalto y coches de motor”.

Siendo delegado de la SEP, don Raúl vino a Nogales para entregar unas becas y reconocimientos a los alumnos de la escuela Francisco I. Madero y grande fue su sorpresa cuando vio a una buena cantidad de niños con el apellido Rangel y en ellos se reconoció. Refiriéndose a su abuelo Braulio y a su padre Edelmiro, fue cuando expuso ésta historia: “Santa Catarina, villa al pie de las inmensas montañas, color de mar profundo. Aquí donde nació mi abuelo y muy al terruño duro y seco por línea de mis antepasados. Uno fue el premio de chico a realizar una misión, éste a su regreso tras más de un siglo de andanzas y desventuras. Estoy de vuelta muchachos, como si nunca hubiera salido; la casa y el pueblo son más grandes y nunca en aquel tiempo tuvimos una escuela así de hermosa, todo parece igual, Braulio, solo que es otro este tiempo, tu vienes y nos traes lo que ibas en su búsqueda más lejos”.

Santa Catarina debe sentirse orgullosa porque un hijo suyo, un sabio gobernante, un rector humanista y escritor consumado, vio en nuestro suelo la tierra de sus ancestros. Yo conocí a don Raúl en 1985 y siempre que lo visitaba para platicar con él, me preguntaba sobre los Rangel. En tono de broma le decía que en Santa Catarina se quedaron los Rangel pobres y los Rangel ricos de fueron a Monterrey. Solamente sonreía.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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