Dr. Antonio Guerrero Aguilar

También en Nuevo León se veneran a pequeñas imágenes de hechura tlaxcalteca conocidas con las advocaciones de El Roble, la Purísima y de Agualeguas...

Dr. Antonio Guerrero AguilarTambién en Nuevo León se veneran a pequeñas imágenes de hechura tlaxcalteca conocidas con las advocaciones de El Roble, la Purísima y de Agualeguas. A la Virgen del Roble se le considera la patrona de Monterrey y su origen se remonta a los periodos de fundación y establecimiento de los primeros pobladores a fines del siglo XVI. Una vez escuché decir de un sacerdote, que regularmente los procesos de evangelización y catequesis en América Latina, dependieron más de intervenciones mágicas y milagrosas que por la acción de los misioneros. De ahí que existan muchas leyendas en torno al origen de las imágenes que se veneran en nuestros pueblos.

Precisamente la devoción a Nuestra Señora del Roble tiene su origen en una leyenda. Como ya hemos señalado, Monterrey tuvo dos intentos de población antes de 1596. Se cree que en 1592, un religioso llamado fray Andrés de León ocultó la imagen en el hueco de un árbol conocido como roble para protegerla y santificar el lugar. Cuentan que uno de los primeros pobladores de Monterrey tenía un hato de cabras pastoreado por una de sus hijas. Ella las cuidaba en un bosque repleto de robles y encinos y en medio de ellos sobresalía un viejo roble por su grosor, altura y lo frondoso de sus hojas.

Una ocasión la pastorcita escuchó que la llamaban por su nombre y entre sorprendida y asustada por estar en un lugar alejado y solitario, se dejó conducir por aquella voz hasta encontrar la imagen de una virgen coronada que sobresalía en el hueco del árbol. Inmediatamente avisó a su padre que en ese lugar, se veía una bella luz que emanaba de un roble. Por eso le pidió que la acompañara al día siguiente para que también diera fe de su prodigioso hallazgo.

En efecto, en medio del bosque, en lo que actualmente es la confluencia de las calles Juárez y 15 de Mayo en el centro de Monterrey, vieron a la imagen dentro del hueco de un roble. Por lo que el poblador decidió avisar al sacerdote de la parroquia. Este con escepticismo y más bien convencido por la terquedad del padre y de la niña, acudió con ellos y en efecto encontraron a la imagen, por lo que decidió llevarla al templo parroquial. Al día siguiente, el lugar en donde habían colocado a la virgen estaba vacío. Regresaron al monte y la vieron de nueva cuenta oculta en el Roble, con su vestido sucio y repleto de cadillos y hojas. La regresaron al templo y al día siguiente desapareció. Por ello decidieron construirle un capilla en ese lugar. Como la imagen ganó pronto la fama de ser milagrosa, hubo necesidad de construirle un templo más acorde a la cantidad de fieles que la visitaban. El templo fue reconstruido en varias ocasiones hasta que en 1905 se colapsó y la imagen se salvó milagrosamente. En 1964, siendo arzobispo de Monterrey, el señor Alfonso Espino y Silva se construyó el actual templo de estructura basilical.

La imagen de la Virgen del Roble es una pequeña escultura de 58 centímetros y está hecha con pasta de maíz y bulbos de flores, siguiendo la hechura de las imágenes que los tlaxcaltecas hacían y que llamaban tatzinguani. Está colocada encima de una madera que se dice perteneció a aquel viejo roble. Esta narración se la debemos a fray Rafael José Verger y Suau, quien fue obispo de la diócesis entre 1783 y 1790.

La devoción a la Virgen Chiquita o de la Purísima está relacionada a una inundación ocurrida en el siglo XVIII. Conviene señalar que el nombre de la Purísima en cuanto dogma declarado por la Iglesia Católica data del 8 de diciembre de 1854. Por ello antiguamente se le conocía como la virgen chiquita o de la zapatera, debido a que una tlaxcalteca llamada Antonia Teresa estaba casada con un tlaxcalteca de oficio zapatero. En 1719 ella se refiere a la pequeña imagen como “Nuestra Señora de la Concepción”. Sabemos que Antonia era originaria del pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala y que había contraído nupcias primero con Esteban Martín y luego con Diego de Hernández.

Su popularidad comenzó en 1756, cuando se dice que llovió 40 días y que bajó un culebrón de agua por el río Santa Catarina, con el riesgo de inundar a la ciudad de Monterrey, por lo que Antonia Teresa tomó a la imagen de la virgen chiquita y con ella tocó las aguas embravecidas del río Santa Catarina que se calmaron en forma milagrosa.

Con el trascurso del tiempo se construyó un templo en su honor, digno para alojar a tan milagrosa imagen. Ese templo fue substituido por otro que diseñó el arquitecto Enrique de la Mora y que fue concluido en 1946. Después el templo ganó el premio Nacional de Arquitectura.

La tercera imagen está en el municipio de Agualeguas. En 1675 se estableció una misión que se llamó San Nicolás de Gualeguas. Ahí congregaron a grupos étnicos que habían pertenecido a otra antigua misión que se llamó de Santa Teresa de Alamillo y que databa de 1646. A la misión de San Nicolás se le cambió el nombre por el de la misión de Nuestra Señora de la Concepción de Agualeguas y Bucareli hacia 1773.

La imagen de Nuestra Señora de Agualeguas es una pequeña escultura de la Purísima Concepción de María, como de 75 centímetros, con manto azul y coronada con una diadema de plata, que está en actitud orante. A esta imagen se le venera desde la segunda mitad del siglo XVIII en el pueblo que se le denominaba Misión de Nuestra Señora de la Concepción de Gualeguas y Bucareli. En la época colonial era considerada la protectora, patrona y señora del Nuevo Reyno de León y del Nuevo Santander. Pero existen señales más antiguas de devoción, mismas que remontan hasta 1692 y 1726.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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