Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

Gélido fue aquel enero, más lo sintieron los nuevoleonesescuando se enteraron de la visita a México de su santidad el Papa Juan Pablo II y al revisar su itinerario por ningún lado encontraron a Monterrey, frío se sintió al saber que ciudades como Puebla y Guadalajaraserían visitadas por el máximo guía de la grey católica universal.

Pronto se inició un gran movimiento para hacer posible su visita al regiomonte, cartas y oficios de asociaciones obreras, empresariales, clubes de servicio, medios de información, en fin, un clamor generalizado que pedía la presencia del Papa en Monterrey; el tesón y la constancia de los habitantes de esos lares se manifestó nuevamente, al confirmarse desde El Vaticano el 20 de enero de 1979, que en Monterrey se haría una escala técnica de un par de horas, antes de partir a Roma, con llegada a Nassau para reabastecer de combustible a la aeronave.

Los esfuerzos de muchas personas se vieron coronados al enterarse la comunidad de tal noticia; el Padre Jorge Rady, nombrado gestor por Monseñor José de Jesús Tirado, se había anotado un gran triunfo, claro, contó con el apoyo y ayuda del canciller Lic. Santiago Roel García, del Secretario de Gobernación Lic. Jesús Reyes Heroles y del mismo Presidente de la República Lic. José López Portillo, a nivel local la Lic. Carlota Vargas Montemayor apoyó dicha gestoría, pero injusto sería dejar de lado a representantes empresariales y obreros en esa denodada lucha por conseguir la inclusión de Monterrey.

A pesar del inclemente invierno, se pusieron en marcha los trabajos para adecuar "el estadio más grande del mundo", las canchas del río Santa Catarina, como escenario de la visita papal; se formó un comité organizador para coordinar esfuerzos, logística y dirigir los trabajos necesarios para evitar molestias, desórdenes y demás problemas, máxime cuando se esperaba la asistencia de más de un millón de personas.

Se levantaron unas "corraletas" de malla de acero que causaron controversia, algunos las tacharon de campos de concentración, hubo quienes se mofaron de ellas, pero los dirigentes religiosos las justificaron, en cuanto servirían para evitar el caos y tumultos incontrolables; para prevenir accidentes se clausuraron los pasos peatonales de concreto que atravesaban las avenidas Constitución y Morones Prieto y la autoridad municipal declaró "ley seca" a partir de las cero horas del día 31 de enero de ese 1979.

La efervescencia entre los católicos fue de tal magnitud que llegaron a Monterrey personas procedentes de los vecinos estados de Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, San Luis Potosí, y de otros más, asimismo se expidieron cien mil visas para los visitantes extranjeros, sobre todo de los Estados Unidos; bien escribió el Cronista de Monterrey, don José P. Saldaña: "la visita del Papa Juan Pablo II a Monterrey constituyó un acontecimiento de proporciones insospechadas que ocupa un lugar prominente en la historia de la ciudad".

Un caudal de seres humanos invadió el cauce del río Santa Catarina en su paso por territorio regiomontano, en la mayor concentración en los anales de la historia nuevoleonesa, ningún gobernante, líder obrero o social había logrado tal proeza, a lo mucho el cantante Rigo Tovar y su grupo musical reunieron a la sexta parte de ese número, en una tocada que terminó con lanzamiento de tierra, palos y piedras.

La ciudad era otra, no existía la Gran Plaza, mejor conocida ahora como Macroplaza, pero sí los tradicionales cines de espaciosas salas como el Encanto, Juárez, Florida, ya estaban los modernos Río y Cuauhtémoc 70, poco después, parte del viejo centro de Monterrey caía bajo la picota. para dar paso a ese enorme paseo popular que es la Gran Plaza y los cines fueron perdiendo la batalla ante los negocios de video.

Hablar del clima y preguntar constantemente la temperatura era y es parte de la cultura norestense, en ese momento no era la excepción y los comentarios se iniciaban con la clásica pregunta: ¿Hace friíto? Así en diminutivo, que en verano se torna por el ¡Que calorón! para luego comentar el paso de los Tigres y Rayados en el torneo nacional de futbol, donde los felinos de don Carlos Miloc, en espectacular campaña tenían el liderato general con 30 puntos, mientras los Rayados ocupaban el primer lugar del Grupo 1 con 22 y venían de vencer a los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara con dos goles de Totonho, uno de Zannata y uno más de Loya; los dos rivales afinaban armas para el clásico a celebrarse el sábado 3 de febrero de 1979, tres días después de la visita del Papa.

El béisbol y los Sultanes estaban en receso, mientras en la liga del Pacífico los Mayos de Navojoa obtenían el derecho de representar a México en la Serie del Caribe, tras vencer a los Naranjeros de Hermosillo; la Arena Coliseo seguía llena domingo tras domingo con sus funciones de lucha libre y en el box, era noticia nacional la octava defensa del título welter por parte del Pipino Cuevas, al noquear en dos rounds al retador Scott Lewis y en ciclismo destacaba el regiomontano Rosendo "Chendo" Ramos.

En la cuestión política el Gobernador Pedro Zorrilla Martínez ya no veía lo duro sino lo tupido, la secuela de los movimientos guerrilleros y el asesinato del empresario Eugenio Garza Sada habían minado su gestión, lejos ya del apoyo del torbellino de la guayabera, aunado al reciente destape de don Alfonso Martínez Domínguez como candidato del PRI a la gubernatura, quien empezó a despachar como si ya fuera el mandatario estatal, desde que retornó al solar nativo, luego de larga carrera política en el Distrito Federal; José Ángel Conchello por el PAN y el aguerrido Encarnación Pérez por los comunistas, eran los otros pretendientes al puesto de Zorrilla.

En el ámbito universitario el Dr. Luis E. Todd "enderezaba" la Universidad Autónoma de Nuevo León a base de buenas razones, pesos y concesiones, donde la gente de izquierda tenía su reducto en el Sindicato de la Universidad con José Luis Sustaita a la cabeza y con Cástulo Hernández en plena campaña para sucederlo.

La vida cotidiana nuevoleonesa hizo un alto en su transitar con la visita de Juan Pablo II; a obreros, burócratas y escolares se les dio el día para que pudieran asistir al evento, el cuadro comprendido por las calles Félix U. Gómez, Venustiano Carranza, Aramberri y 2 de Abril, fue cerrado a la circulación para permitir tal desplazamiento masivo.

A varios lustros de distancia, justo es recordar y revalorar aquella primera visita papal, detenernos en la que realizó en mayo de 1990, analizar los planteamientos del Sumo Pontífice en esta su cuarta visita a México y hacer un balance de logros y aciertos, además de echar un vistazo a las "asignaturas pendientes".

HéctorJaimeTreviñoVillarreal


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