Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal Después de más de cinco décadas en el poder los hermanos Fidel y Raúl Castro han realizados cambios graduales en el escenario económico, político y social de la República de Cuba.

Sucesos de gran magnitud como la desaparición de la comunidad socialista europea, el desmembramiento de la Unión Soviética y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, condujeron a Cuba al peor momento en su trayecto socialista; atado su comercio exterior en un 85% al bloque constituido por los antiguos países socialistas, sufrió serio quebranto al producirse la debacle de la Europa del Este cuya consecuencia fue el impacto negativo en la economía cubana manifestándose en la falta de acceso a recursos fundamentales, fuentes de financiamiento y crédito, disminución de la capacidad importadora y de la circulación mercantil, en fin, se terminó el intercambio ventajoso y se esfumó la integración económica con dichos países.

El régimen cubano se vio en la necesidad de readecuar o adaptar su modelo económico para hacer viable su socialismo, con el fin primordial de preservar las grandes conquistas de la revolución en educación, salud, seguridad social, cultura y deporte en la vorágine de las nuevas condiciones de la economía global, en un mundo cambiado radicalmente, donde ondea la bandera del neoliberalismo y el capitalismo salvaje; ante ese negro panorama se formuló un plan de emergencia para afrontar las condiciones adversas. Esta etapa cuyo inicio lo podemos situar en 1990, se le ha designó como "período especial".

El modelo cubano que yo denominaría "socialismo tropical" se caracteriza por una apertura al capital extranjero en una estrategia planificada, flexible y muy próxima a las condiciones de la economía del mundo actual; sus impulsores lo explican como un injerto dentro del sistema socialista al que no pretenden renunciar jamás "porque emergió de las necesidades de su historia".

Este "socialismo tropical" acepta la presencia de fuertes capitales extranjeros, entrega de tierras estatales a las cooperativas, trabajo por cuenta propia, impuestos personales y el saneamiento de las finanzas internas, todo ello teniendo al Estado como rector en la propiedad de la tierra; asimismo se trazaron la meta de redocumentar la deuda externa de más de diez mil millones de dólares o buscar acuerdos beneficiosos con los países acreedores.

En la actualidad, Cuba tiene vínculos comerciales con cerca de cuatro mil firmas extranjeras de más de cien países, que han invertido como empresas mixtas u otras formas de negocios conjuntos en el turismo, extracción y refinamiento de petróleo, extracción y proceso industrial del níquel y cobalto, telecomunicaciones, industria azucarera, textil y bienes raíces, es decir, ningún sector productivo está excluido de la inversión extranjera y se explora la posibilidad de que se invierta en el sector servicios, reservándose el estado cubano lo referente a salud, defensa, educación, seguridad social y seguridad nacional.

Aparte de ofrecer mano de obra barata y calificada con alto nivel de escolaridad, protección gubernamental y planes de mejorar la eficiencia productiva que deja mucho que desear, adecuaron la obsoleta legislación para las transacciones con el exterior y evitar el temor de los inversionistas, además de garantizar la inversión extranjera con carácter universal, no discriminatorio.

España, Canadá, Francia, Italia y México son algunas de las naciones que han aprovechado esta readecuación del modelo económico cubano; el turismo se constituyó en la tabla de salvación para dicho país, continúan llegando las inversiones en ese ramo, siendo la actividad económica más prometedora con más de un millón de turistas al año y la principal aportadora de divisas, superando incluso a la industria azucarera, con una aportación de 1500 millones de dólares anuales.

Ante la terrible situación que enfrentó el régimen al comenzar el período de transición, los socialistas tropicales encararon la falta de divisas estimulando la esfera más rentable en el más corto plazo, la industria sin chimeneas, la industria del ocio, que ofrece un suministro fluido de recursos financieros.

Ahora bien, el turismo ha traído como consecuencias negativas los inconvenientes sociales como niños pedigüeños, el mercado negro y la aparición del sexoservicio en todas sus modalidades; se puntualiza sobre todo en las mujeres dedicadas a la prostitución conocidas con el nombre de "jineteras", práctica que algunos sociólogos achacan a razones de sobrevivencia económica y otros a la pérdida de valores éticos vinculados al amor, la pareja, familia y espiritualidad, sin embargo, dicho oficio no se ha legalizado y continúa en el mismo status de cuando fue eliminada al iniciarse las transformaciones revolucionarias.

En cuanto a la situación política interna, la mitad de la población continúa fiel a las prédicas de los hermanos Castro e incluso los idolatran, la otra mitad lo combate mediante "radio bemba", es decir, la transmisión oral de noticias y pensamientos muy utilizada en todas las épocas en Cuba, no llegando a más, por el temor a la represión gubernamental.

Aunque los gobernantes cubanos hablen de democracia, entendiendo ésta como el sistema político en el cual la gente participa en el gobierno y no tan solo en la concurrencia a elecciones partidarias, la opinión de los organismos internacionales es la carencia de ella en la isla; en cierta ocasión Fidel Castro comentó que hay quienes ponen como modelo de democracia aquello que fragmenta la sociedad en cien pedazos y cada vez que le hablaban de multipartidismo el contestaba que en Cuba había "millonaripartidismo" porque son millones de personas las que se pueden postular y elegir.

Hay mucho que comentar, analizar y discutir sobre este "socialismo tropical" sui generis, pero se avizoran cambios en la política cubana para adaptarse a las nuevas situaciones del entorno mundial. ¿Que sesgo tomará el socialismo tropical?, el tiempo nos dará la respuesta.

Héctor Jaime Treviño Villarreal



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