Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaPara escapar de los importunos, gozaba Proteo de una rara habilidad: cambiaba de forma y así lograba que no lo conociesen. Convertíase unas veces en león, jabalí u otro animal cualquiera y otras, hacíase roca, agua, árbol...

Jápeto, a su vez, tuvo asimismo descendencia muy ilustre, pues fueron hijos suyos Atlas, Prometeo y Epimeteo. Sin embargo no está bien averiguada la ascendencia de Atlas, pues había entre los griegos quienes sostenían que era hijo de Júpiter, y otros afirmaban que lo era de Neptuno. El caso es que cuando los titanes se rebelaron contra Júpiter, hizo Atlas causa común con ellos. Después de vencidos, los supervivientes recibieron su castigo, y Atlas fue condenada a llevar para siempre sobre sus robustas espaldas la enorme bóveda del cielo. Epimeteo se dejó engañar por Pandora, la primera mujer que existió en el mundo. Regalóle Pandora una caja en donde estaban encerrados todos los males, y al abrirla Epimeteo éstos se esparcieron por la tierra, no cesando desde aquel momento de afligir a los hombres. En cambio, su hermano Prometeo hizo muchos bienes a los mortales. Los instruyó en toda clase de sabiduría y de trabajos útiles, y para ellos robó el fuego que los dioses guardaban en el cielo. Júpiter lo castigó haciendo que Vulcano, o Hefaistos, el dios herrero, lo encadenase a una roca del Cáucaso, a donde acudía un gigantesco buitre que le devoraba las entrañas. De este suplicio atroz lo libró el forzudo Hércules.

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

Fuente: Mitos Griegos de la Editorial Nueva España. S. A.



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