Ramiro Rodríguez Martínez

Angélica, prima hermosa,
prolongación de la bella Alicia,
blanco fruto del pueblo donde nace sangre
que nos deja vivir en estos siglos,
casi nunca hay tiempo para hablar de nosotros
o de nimiedades
o del trabajo o de nuestros hijos
(ya con hijos, blanca prima).

Vamos, dime, ¿cómo va todo en nuestro Sabinas?
¿Llueve a tus pies? ¿Hiela?
¿Tal vez la sequía quema?
¿Hay dagas de invierno en tu pequeño mundo?

Angélica prima, ese sábado
de enero no se olvida, ¿tú, qué dices?

Aunque el tiempo entonces era tristeza,
sombras de silencio y despedida,
no pudimos ahuyentar el sol que nace
al vernos en Sabinas.

Eres (como lo es mi Marla querida)
sangre del mismo cauce.
Prima hermosa, blanca Angélica, es corto
el tiempo pero largo el amor de familia.

Y basta saber que la distancia
no será nunca entre nosotros muerte.

Dime, prima Angélica,
¿cómo son las montañas en tu horizonte?
¿Acaso sufres? ¿Quieres? ¿Amas?
¿Te acuerdas de este hombre de vez en cuando?

Angélica, prima blanca, hermosa Angélica,
¡tu recuerdo es mi recuerdo!

Ramiro Rodríguez



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