El convento que se convirtió en símbolo de Nuevo León (1-2)
Una vez Monterrey tuvo un convento edificado por los religiosos franciscanos al que consagraron como patrono al apóstol san Andrés. Gracias a fotografías, testimonios orales y planos ahora lo vemos enigmático y como si fuera algo irreal; como si se tratara de un fantasma cuya silenciosa historia termina con un trágico desenlace. Ahora lo tenemos en el escudo heráldico de Nuevo León. Un símbolo que representaba el esfuerzo evangelizador y civilizador de los primeros pobladores. Un emisario del pasado que fue aplastado en abril de 1914 por el ansia de progreso, de modernidad y desarrollo. Hace cien años fue destruido del paisaje pero su recuerdo prevalece.
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El día 12 de abril de 2014 recibimos quienes conocíamos y éramos amigos de este singular galeno, la lamentable noticia de su sentido fallecimiento a la edad de 90 años, acaecido en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Era reconocido en nuestro pueblo como un excelente médico, muy responsable en su trabajo que llevó a efecto tanto en su consultorio particular, cita en la calle Porfirio Díaz, frente a la Escuela "Manuel M. García", como por muchos años en el consultorio del ISSSTE, atendiendo a los derechohabientes de esa Institución; además de realizar consultas a domicilio cuando algún enfermo requería de sus servicios.
Para no variar, siguen dando de qué hablar los funcionarios emanados del PAN, que en el ejercicio torcido del poder le han sacado un pie adelante a los tricolores.
Para El Borrado y Rosy, un abrazo solidario.