Los libros proféticos conforman un núcleo importante en la Biblia. Para efectos didácticos se dividen en profetas posteriores y los anteriores. Entre los primeros están Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas que van desde Oseas hasta Malaquías, incluso Daniel. Entre los segundos están Josué, el libro de los Jueces, Samuel y el libro de los Reyes. Estos abarcan desde el siglo VIII antes de Cristo hasta la etapa postexílica. En los libros proféticos encontramos información muy valiosa en torno a las condiciones sociales y política de cada etapa determinada. A decir verdad, se consideran profetas principales Isaías, Jeremías y Ezequiel. Los textos proféticos tratan desde narraciones biográficas al igual que la interpretación de sus propios oráculos. Ya en el momento de la trascripción literaria, las revelaciones divinas fueron reinterpretadas de acuerdo a las nuevas circunstancias vigentes. Por el material tan rico en imágenes y presagios enigmáticos, trataré a Ezequiel en forma particular, en especial por la forma en que Dios le habló y se dirigió a él, dándole mensajes a través de visiones cargadas de signos y referencias misteriosas, de tal modo que San Jerónimo lo llamó "mar de la palabra divina" y "laberinto de los secretos de Dios".
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