Lic. Héctor Mario Treviño Villarreal En los albores del siglo XIX “La minería que había sido el ramo más importante de la explotación, en la época que venimos tratando, sufría atraso lamentable, pues las minas habían sido invadidas por las aguas y gases venenosos, o sus vetas andaban en borrasca, como decían entonces. Sin embargo, había todavía muchas de plomo con ley de plata, así como de cobre, pero no soportaban los costos de explotación. Las de Cerralvo, Iguana, Vallecillo y Boca de Leones estaban casi abandonadas.”1

En el informe y catálogo de noticias escritas por Simón de Herrera en 1806, concernientes al Nuevo Reino de León, afirma que, “En el Vallecillo se descubrió el año del 66, una veta considerable muy plomosa; con solo la ley de cuatro onzas, pero su mucha saca y dócil beneficio les prometía utilidad, se abrieron sobre ella catorce bocas y cinco tiros para desagüe, pero las abandonaron por los vapores del gas, ácido carbónico que mataba la gente; en el año de 1799 denunció una compañía las catorce minas, posesionándose de mil quinientas varas al hilo de veta, y ninguna pasa su profundidad de ciento veinte varas que indican su mérito; desaguadas las minas por esta compañía, las encontraron derrocadas, porque los antiguos las derrocaron antes de desampararlas. Se vieron precisados a dar nuevo tiro y boca en tierra virgen, lograron descubrir la veta a las setenta y dos varas en tres cuartas de metal de catorce onzas, tan abundante que cayó piedra de veinte arrobas, pero luego se soltó el vapor y no pudo continuarse su laborío hasta cortar dicha veta y romper las fronteras; se pusieron varios hornos y máquinas, no surtieron el efecto deseado, por lo que están paradas, solicitando su dueño conseguirlo por medio de las bombas de fuego; estos metales son muy dóciles; por el método del fuego que en este país le llaman galemes. Cuentan los dueños con seis pesos libres en carga conforme sale de la mina, y como la extracción es abundante, se considera de importancia su laborío.”2

En marzo 21 de 1816 el Real del Vallecillo contaba con un alcalde y juez subdelegado en la persona de Francisco Lazarte; y como comandante del segundo escuadrón de milicias Andrés Mendiola y el capitán Vicente Vedía y Pinto, administrador de diezmos de este real.

En abril de 1818 acamparon a orillas del Río Salado un grupo de indios de la nación Lipan provocando alarma en los habitantes de Vallecillo, a raíz de los problemas ocasionados por ellos en otros lugares; se tomaron las precauciones del caso, varios vecinos aseguraron haberlos visto merodeando las regiones aledañas a la comunidad sin acercarse lo suficiente, por lo que se pensó no tenían noble intención. Después de hacer un reconocimiento del lugar identificó a varios indios, entre ellos a Capirancillo, guerrero y jefe de la nación, llamado también Morrongo.

En virtud de esta amenaza, fue necesario evacuar ranchos cercanos a los agostaderos del río Salado, se retiró el ganado y caballada para evitar el robo y proteger a los vaqueros y pastores.

Hubo noticias de fieros ataques de los bárbaros por el rumbo del Real de Sabinas con graves daños y bajas entre civiles y militares, provocando caos en la vida del pueblo y sumándose a la larga lista de comunidades atacadas.

Por otro lado, continuó el tráfico de tabaco en la frontera, pasaba por el Real de Minas de Vallecillo o por el Carrizal, ignorándose destino y dueño; lo que dio lugar a cantidad de denuncias sobre contrabando, al parecer no tenían efecto.

Mario Treviño Villarreal
CIHR-UANL

1. ROEl, Santiago. Nuevo León. Apuntes Históricos. Monterrey. Impresora Bachiller, S.A. 1985. p.85.

2. GONZÁLEZ, José Eleuterio. Noticias y Documentos para la Historia del Estado de Nuevo León.. monterrey6, N.L. Imp. Universitaria del Departamento de Difusión de la U.A.N.L. 1975. p.83.


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