Profr. Salvador Garza Inocencio

Tal vez usted recuerde que para ir a la escuela hace varias décadas tan solo se requería de un lápiz y un cuaderno...

Profr. Salvador Garza InocencioTal vez usted recuerde que para ir a la escuela hace varias décadas tan solo se requería de un lápiz y un cuaderno. Aquellos lápices que no tenían borrador o algunos más nuevos con el borrador en uno de sus extremos, aún no aparecían los “sacapuntas” y había que sacar el grafito, corazón de aquel pedazo de madera, con una navaja de afeitar de un filo y en ocasiones con la “Gillete” de dos, navajas demasiado delgadas y donde nuestros dedos recibieron en ocasiones su filo y nos hicieron sangrar.

Recordamos aquellos cuadernos pastas rojas marca “LyC” que significaba libretas y cuadernos, las libretas marca “Patriota” con la imagen de una charro montado a caballo y enarbolando nuestra enseña patria y con un leyenda que decía: “Enseñar a leer al que no sabe es un deber y un placer”. Las libretas “Colonial” aquellas libretas de color azul en sus pastas con el logotipo de “El Obispado”. También viene a nuestra memoria los económicos cuadernos “Monterrey” con renglones de color rojo; no había libretas de doble raya, ni de cuadrícula, tan solo un simple y económico cuaderno y un lápiz que en muchas ocasiones no tenía borrador, cuando se nos ofrecía borrar, humedecíamos con saliva nuestro dedo índice, ese era nuestro corrector.

Era la época de los lápices y los cuadernos y el aprendizaje “de los sonidos” un aprendizaje estricto, en ocasiones sumamente estricto, por los maestros de la escuela y los maestros de la casa.

Era la época del aprendizaje estricto por parte de los maestros en la escuela y nuestros padres en la casa y que gracias a esa exigencia aprendimos con antelación, en ocasiones se inscribía a los alumnos sin que hubiesen cumplido los seis años de edad reglamentaria y los padres le decían al maestro o al Director “déjelo de oyente” y muchas veces “los oyentes” aprovechaban mas que le resto de los alumnos.

Conocimos las plumas ya casi para terminar la enseñanza elemental, allá en quinto o sexto grado, cuando aparecía en el programa escolar la clase de “Caligrafía” y había que llevar una pluma de tajo y un tintero, aquellos tinteros que contenían un líquido color negro, azul negro, azul fijo, morado y ayudados con la pluma de tajo había que hacer el óvalo y la lluvia. Con los lápices y las plumas de tajo llamadas también plumas de madera o plumas de palo, con esos lápices y esas plumas la chiquillada de la época, jugaba a “los cancos” es decir se trataba de clavar la punta del lápiz o la pluma en los lápices o plumas de los compañeros hasta destruirlos, “una vez cada quien”.

Los lápices y los cuadernos eran comprados por nuestros padres en la Papelería “A.B.C.” conocida por la gente del pueblo como la papelería de “Rojitas” ya que su propietario era Don Nicolás Gutiérrez Rojas, papelería que se encontraba ubicada por la calle Porfirio Díaz entre Juárez y Doctor Coss.

Garza Inocencio



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