Profr. Salvador Garza Inocencio

Caminando cerca de los que algunos han dado en llamar el centro geográfico del pueblo, recordamos nuestra niñez, aquel edificio que albergaba nuestros primeros años en la escuela de primeras letras, nos referimos al rectángulo comprendido entre las calles Escobedo, Mina, Dr. Coss y Porfirio Díaz...

Profr. Salvador Garza Inocencio

Caminando cerca de los que algunos han dado en llamar el centro geográfico del pueblo, recordamos nuestra niñez, aquel edificio que albergaba nuestros primeros años en la escuela de primeras letras, nos referimos al rectángulo comprendido entre las calles Escobedo, Mina, Dr. Coss y Porfirio Díaz. Allí estaban dos majestuosos edificios escolares; y alrededor del gran patio que los circunscribía, aquellas vetustos cubrevientos mudos testigos de nuestros infantiles juegos. Al pasar el tiempo, con el crecimiento de la población escolar y el movimiento cada vez mayor de los vehículos de motor, se hacía imprescindible construir alrededor de los “Colegios” una barda que protegiera a la niñez que asistía a las aulas. El Director de la Escuela “Manuel M. García” en esa época era el maestro Santos Noé Rodríguez Garza, quien con un puñado de gentes del pueblo se echa a cuestas la titánica labor.

Se opta por buscar cooperación de la gente del pueblo de ahí y de allá y hoy viene a nuestra memoria la filantropía de Don Gregorio Ramírez González quien aporta gran parte del costo de la obra, Don Gregorio vio la luz primera en el pueblo, en la primavera de mil novecientos trece. Sus padres fueron Don Gregorio Ramírez y Doña María del Refugio González. Nuestro personaje fue un gran impulsor de la industria automotriz en la ciudad de Monterrey, hoy hay en el pueblo una calle que lleva su nombre y que nos recuerda su filantropía.

Garza Inocencio



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