Profr. Salvador Garza InocencioHoy me regalaron un libro y los recuerdos atropelladamente llegan a mi cerebro, recuerdos de mi infantil estancia por la calle de Zaragoza entre Antonio Solís y Escobedo, en ese espacio algunos metros hacia el norte vivía Don Pancho Durán, un hombre de múltiples oficios uno de ellos “albañil”, en su casa un iglú, no de hielo, sino de adobe, que nos recuerdan las palabras de Ramón López Velarde cuando decía: “Tu barro suena a plata, y en tu puño su sonora miseria es alcancía; y por las madrugadas del terruño, en calles como espejos se vacía el santo olor de la panadería”, sí, de madrugada el barrio se impregnaba de aquel sacrosanto olor a pan, éste provenía del cocedor que en el patio de su casa tenía Panchito Durán.

En Zaragoza y Escobedo un despoblado lleno de sillares, que colindaba con la casa de Don Blas Vedía un hombre de ideas avanzadas para el tiempo que le tocó vivir.

En contraesquina al lugar anterior vivía Don Nino Saavedra y su familia. Y en esa esquina el “comercio” de Don Gilberto Garza Fernández y cerca de allí la confección de flores y coronas artificiales de la “Tía Lola” esposa del tío Gilberto.

Por allí también la peluquería del tío Manuel Garza Fernández.

En Zaragoza y Antonio Solís, en su esquina noroeste, Don Ramiro Flores y su esposa Doña Lore, al noreste el Dr. Luis Martínez Loyola y su esposa Doña Hortencia venidos de San Luis Potosí, ahí también un espacio donde Doña Hortencia vendía joyas y accesorios.

Junto a ese lugar la tía Toña, hermana de mi abuelo Tomás vendiendo exquisitas leches quemadas en un pedacito de papel plomo; vivían con ella su hija la “güera” y su hermana quien era esposa de Don Gabrielito, magnífico carpintero de aquella época.

Frente a este lugar el Dr. Rómulo de la Garza a quien recordamos con cariño, pequeño de estatura pero grande en sabiduría y su esposa quien por algún tiempo tuvo bajo su dirección una escuela de corte y confección.

Hoy me regalaron un libro, y trajo a mi memoria los recuerdos del barrio, por Zaragoza frente al lugar que me vio nacer vivía Don Julián Quiroga y la tía Toña, llegaba por la tarde con su express tirado por un caballo, traía leche “bronca” y muchos cabritos para su venta.

A la vuelta de la esquina estaba Doña Odilia y Don Chema su marido, éste último con la sastrería. En Antonio Solís y Mina la tienda de Doña Amelia lugar al que la tía Licha nos llevaba con frecuencia, allí conocimos a su hija María del Pilar y a su esposo Luis Villarreal.

Recordamos también a Don Pedro Garza y su respetable esposa, en nuestra mente la afición de Don Pedro a los “gallos”. Están también en el recuerdo Doña Armandina y Don Salvador, Doña Chavelita y Don Braulio.

Hoy me regalaron un libro y trae a mi memoria a Don Miguel de Cervantes Saavedra y a aquel legendario Quijota y al que su amigo Sancho Panza le dice: “Mire vuestra Merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas que volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino”.

Hoy en nuestro recuerdo los Molinos de Viento, “Los papalotes” y junto a ellos la entrega, por demás completa de un hombre que también vivió en este barrio de mis recuerdos: Don Santos Rodríguez Aguirre y su muy apreciada esposa Doña María de Jesús Garza Gutiérrez, para nosotros la “Tía Chita”.

Hoy me regalaron un libro, un libro titulado “Las aventuras de Don Santos y su Ford”. Gracias maestro Santos Noé Rodríguez Garza, por traer a mi mente el tiempo y el espacio.

Pero así está el mundo y éstas son “Nuestras Cosas”.

Hasta la próxima.

Garza Inocencio
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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