La problemática del estado de Chiapas se debe analizar en un conjunto donde confluyen más de quince vertientes como el caciquismo político, religioso e indígena, el alcoholismo, corrupción, explotación, terratenientes, marginación, discriminación, narcotráfico, guardias blancos, finqueros, madereros, insalubridad, comerciantes voraces y funcionarios insensibles ante la cruda realidad de este cuadro.

Estas causales no son nuevas, están presentes desde la conquista brutal llevada a cabo por los españoles, es decir, son casi cinco siglos de oprobio y sufrimientos que han soportado los indígenas por parte de los "ladinos" como se les llama a los blancos y mestizos; tal estado de cosas ocasionó las cuatro grandes sublevaciones mencionadas por don Vicente Pineda en su libro sobre el tema, publicado en 1888 y el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con el Subcomandante Marcos como cabeza visible, el primer día de enero de 1994.

En la cuarta rebelión cuya duración fue de 1867 a 1869, destacó un personaje semejante a Marcos, llegó a Chiapas procedente de la ciudad de México de donde era originario, ingeniero de profesión: Ignacio Fernández Galindo, junto con su esposa Luisa Quevedo y su discípulo Benigno Trejo, aprovecharon la inconformidad religiosa de los naturales para lanzarse a la lucha armada.

El conflicto surgió cuando una mujer chamula de nombre Agustina Gómez Checheb encontró unos ídolos de piedra y los llevó a su casa colocándolos en el altar familiar, iniciando su veneración junto con sus vecinos; el fiscal de la comunidad Pedro Díaz Cuscat, investigó el hecho, llevó los ídolos a su casa, por la noche se reacomodaron golpeándose dentro de la caja, dándole la interpretación de que "eran parlantes y mensajeros del más allá", por lo tanto constituían un milagro.

A partir de allí, se iniciaron las peregrinaciones a la casa de Agustina, quien "expresaba la voluntad de las piedras y Pedro interpretaba los oráculos"; el suceso cobró auge inusitado con miles de seguidores, esto obligó al sacerdote del pueblo de Chamula a confiscar los ídolos y amonestar a la población.

Sin embargo, el culto siguió, ahora con la adoración de tres figurillas de barro, que según Díaz Cuscat, había procreado Agustina, quién fue llamada "madre de Dios", luego Díaz bautizó y ungió como santas al séquito de Agustina, ampliando su poder al entorno civil, al designar autoridades en las comunidades donde el nuevo culto tenía seguidores.

El Jefe Político de San Cristóbal de las Casas al ver mermado su poder, encarceló a los falsos redentores, provocando la reacción violenta de los chamulas; es aquí donde interviene el Marcos del siglo XIX, quién en mayo de 1868, se apersonó ante los rebeldes, les manifestó su apoyo, además les arengó sobre que todas las tierras que existían en el Estado les pertenecían y "que se hiciesen de todas las cosas", pues eran de ellos.

Lo recibieron con entusiasmo, abandonó sus vestidos, los cambió por un sombrero de palma, un taparrabo y una chamarra de lana burda, para mostrarles su adhesión. Los instruyó en la disciplina militar, basándose en un manual de ordenanzas del ejército mexicano, nombró jefes y preparó la estrategia para tomar la ciudad de San Cristóbal de las Casas.

Antes del ataque, tomaron a sangre y fuego a una veintena de comunidades, masacrando a las personas que no los seguían; las autoridades estatales aunque fueron advertidas a tiempo de la rebelión, pero no dieron importancia al asunto.

El objetivo de los miles de rebeldes indígenas era poner en libertad a Pedro y Agustina, cercaron la ciudad y el jefe político José María Ayanegui decidió parlamentar con los sublevados; de tal plática se conserva por escrito el diálogo entre ambos, donde se aprecia el pensamiento de Fernández Galindo: "todos los ciudadanos tenemos derecho a nombrar a las autoridades que deban regirnos y ni yo, ni mis compañeros de armas hemos tomado la más mínima parte en el nombramiento de las que forman el gobiernillo de burlas al cual usted pertenece y en tal virtud no tenemos obligación de respetarlas, ni de continuar sosteniéndolas con el fruto de nuestro trabajo, que con tanta arbitrariedad nos despojan".

Fue así como un problema religioso se tornó en político, pero al pactar Fernández Galindo de quedar su esposa, su discípulo y él, en lugar de los líderes presos, cavó su tumba, pues creyó que sería liberado a los tres días: fue juzgado y condenado a muerte junto con Trejo, a su esposa le dieron cinco años de prisión.

Como conclusión, Pineda escribió en su libro, palabras aplicables al movimiento zapatista: "la sublevación la estuvieron preparando y concertando por más de dos años consecutivos, a ciencia y paciencia de las autoridades; así es que la administración de aquella época es responsable de la hecatombe, de las víctimas inocentes, de la pérdida de intereses, de los gastos de guerra y de todos los trastornos habidos en el Estado, por su apatía y por su desacertada manera de gobernar".


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